miércoles, junio 13, 2007

Sobre la barbarie en Cuba

Por Luis Ortega

A lo largo de los más de cuatrocientos años que duró la dominación española en Cuba, ni tampoco durante la ocupación americana, ni en los años de la república disimulada que tuvimos hasta 1959, se vio la infeliz isla dominada por un régimen tan cruel como el de Fidel Castro.
Es cierto que España hizo horrores, pero lo que más recordamos es el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871.

Durante los años de la república, los conflictos entre los cubanos tuvieron siempre un carácter benévolo.

Recuérdese aquella escena tan cómica del alzamiento de Menocal y Mendieta durante la dictadura de Machado, cuando una lancha del gobierno los sorprende en un río, agazapados en un barco, y alguien grita “¡No tiren que aquí está el General Menocal!” Y remedio santo. Los dos viejos, con las barbas crecidas, fueron respetuosamente arrestados.

Con el cuento de no tirar la toalla, Fidel instaló en Cuba la barbarie que llevaba en la sangre. Los fusilamientos en Cuba, durante todo el tiempo de la revolución, han sido abrumadoramente altos. No hay país en la América que haya padecido un régimen tan cruel y durante tanto tiempo.

Y lo peor del caso es que no hay indicios de que Fidel piense que su régimen debe terminar con su enfermedad, que debe ser realmente grave.

Casi moribundo, convertido en un anciano que se arrastra, insiste en que la sangre debe seguir corriendo en Cuba. En ningún momento se ha visto una señal de que Castro piense en un retirada. Seguirá matando mientras quede un sucesor a mano. Casi medio siglo no es nada para él. La dominación española duró más de cuatrocientos años y este pinchón de verdugo aspira a la eternidad.

Algunas gentes acusan a los cubanos de haber sido demasiado flojos al adaptarse a una tiranía tan larga y horrorosa. No había precedentes en la isla de una cosa semejante. Nunca los cubanos se habían enfrentado a un régimen sistemáticamente cruel.

Por su hipocresía durante la lucha por el poder, y por su inclinación a la barbarie y al absolutismo, la conducta de Fidel es ajena al carácter cubano.

Tiene las cárceles llenas de pobres gentes que no han cometido otro delito que protestar contra su régimen feroz. Su dominación llega hasta el punto de que aun enfermo, convertido en un guiñapo humano, hablando boberías por la radio, no le permite a su hermano que ejerza el poder ni acepta la posibilidad de que otro cubano gobierne el país y restablezca la paz.

El pobre pueblo de Cuba, sometido al régimen más brutal que ha existido en las Américas, insiste en mantener su horrible imagen en la televisión.

Los pueblos y gobiernos de la América, que callan y se someten al chantaje de Castro, y que en el pasado lo recibieron con aplausos, contemplan la tragedia de Cuba con una indiferencia culpable.

Yo creo que llegará un momento en que la tragedia cubana estallará en un movimiento masivo, espontáneo, sin líderes, sin armas, en toda la isla, un movimiento raro en el que el pueblo cubano se levante y arremeta contra sus verdugos de medio siglo, y los cuelgue de los faroles de los parques.

Si se fuera a hacer un juicio popular contra Fidel Castro y su camarilla la única sentencia posible que le devolvería su honor al pueblo de Cuba (un honor que Castro ha ultrajado) sería la de morir colgados en los faroles de los parques.

Fuente: Diario LA PRENSA de NYC
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