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¡Siempre Haya! El Día de la Fraternidad

miércoles, febrero 22, 2012

¡FELIZ DIA DE LA FRATERNIDAD 2012! NEW JERSEY-USA.

Queridos compañeros, hoy renovamos nuestra fé inquebrantable a nuestra doctrina, todos los apristas consecuentes practicantes de una fraternidad moral, aquella que surgió de compartir sufrimientos, injusticias,olvidos y marginación esa misma fraternidad que reafirma nuestra lealtad militante.

Justo homenaje a nuestro Jefe Fundador, Maestro de Maestros y con el nuestro compromiso de luchar por una Patria DONDE EL PAN NO SEA EL PRECIO DE SU LIBERTAD.

¡VIVA EL DIA DE LA FRATERNIDAD APRISTA!
 
Fraternalmete

Edgar Díaz Becerra
Secretario General
Comite Sub-Regional PAP
New Jersey-USA

martes, febrero 21, 2012

LAS DIMENSIONES DE HAYA DE LA TORRE. A propósito del Seminario Internacional “Haya de la Torre y la integración de América Latin

En homenaje al 117° onomastico del Jefe y Fundador del Aprismo Victor Raul Haya de la Torre y en la Semana de la Fraternidad iniciamos la publicacion de una serie de notas sobre la vasta obra intelectual y la gran trayectoria del politico peruano que marco rutas en el siglo XX y abre caminos ineditos para construir el APRISMO DEL FUTURO.

Saludos amazonicos,

Edgar Valdivia Isuiza
Por: Edgar Valdivia Isuiza (*)
Francisco Huerta Montalvo, Secretario Ejecutivo del Convenio “Andrés Bello”, en un marco sin precedentes, bajo una gran expectativa, con un auditorio de primera línea que saturaba de manera impresionante el Centro de Conferencias del Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres (USMP), el 02 de Julio del 2008, a las 9.30 de la mañana, con mucho señorío y prestancia, inauguraba el Seminario Internacional “Haya de la Torre y la integración de América Latina”. Un evento que congregaba a calificados académicos, pensadores y políticos de América Latina y Europa, con distintos enfoques, con los auspicios del Convenio “Andrés Bello” y la Universidad San Martín de Porres, abría rutas para colocar en agenda de los analistas e investigadores Perú y el mundo, la vasta obra intelectual y los planteamientos de Víctor Raúl Haya de la Torre sobre la integración del continente, que el distinguido pensador peruano denominara Indo América. Sin lugar a dudas, como pocas veces se hizo, el Dr. Francisco Huerta, además, resaltaba al Seminario como un esfuerzo objetivo, que debe generar replicas que articulen el pensamiento de Haya de la Torre con las realidades del mundo contemporáneo, en la búsqueda de perfiles que coadyuven al propósito medular de su obra para forjar la gran patria continente, como desafío fundamental, que permita construir sociedades democráticas con justicia social.



El Dr. Heraclio Bonilla, peruano, destacado catedrático de la Universidad Nacional de Colombia, presentaba al Seminario en sus propósitos medulares de analisis e investigación sobre el rol que cumple el pensamiento de Haya de la Torre, como una de las más importantes contribuciones al proceso integracionista del continente y al examen fenomenológico del imperialismo, en el marco de una reflexión más exhaustiva y mas profunda, que revalorice calidades, dimensiones y dinámicas cognoscitivas.
En horas de la tarde del primer día de la Agenda de Conferencias, el Dr. Francisco Huerta (Haya de la Torre y los desafíos de la integración), con su convincente enfoque, sostenía que el proceso integracionista de América Latina debe anteponerse a las controversias aldeanas de cada país y advertía como reto y desafío de todos, la sumatoria de fuerzas para ubicarnos en el horizonte, que muy visionariamente diseñara Haya de la Torre cuando lanzara el Programa Máximo del APRA, el 7 de Mayo de 1924 en México, en el cual destacaba en todas sus aristas la unidad política de América Latina como estrategia de primer orden para enfrentar al enemigo mayor.
El Ingeniero Javier Tantálean Arbulú, Director del Instituto de Gobierno de la USMP, con mucho vigor y en un contexto coloquial definía la integración en la matriz temporal-ideológica de Haya de la Torre. Esgrimía con mucho dominio la esencia del pensamiento de Haya y los fundamentos doctrinarios con relación a la integración como eje esencial de afirmación política de los países de América Latina.
Al día siguiente, el Dr. Eugenio Chang-Rodríguez, catedrático de la Universidad de Nueva Cork (EE.UU.), sustentaba magistralmente el tema “Haya de la Torre: Itinerario de la Patria Continental”. Con envidiable lucidez y un asombroso dominio de la temática desbordó razonamientos y conocimientos sobre el Haya en su indoblegable avatar para construir una patria continente.

El Dr. Carlos Franco Cortes, Miembro del CEDEP (Centro de Estudios Peruanos) en una importante conferencia hizo un resumen sobre Haya de la Torre, el Estado y la articulación política. Su cercanía al pensamiento de Haya de la Torre y su estrecha ligazón con importantes líderes del APRA le dieron calidez y solidez a su análisis sobre el desenvolvimiento de la política peruana en los últimos 50 años.
El tema: La Unidad de América Latina en clave de Haya de la Torre, esclarecedoramente expuesta por el Dr. Ricardo Sánchez, catedrático de la Universidad de Colombia le dio visos polémicos al evento. Los matices de su enfoque y su preclara capacidad de síntesis, concluyeron en redescubrir al Haya como integracionista, o sea en el Haya que no solamente es de los apristas, de los peruanos, sino también de todos los latinoamericanos y los ciudadanos del mundo.
La jornada concluía con la participación del Dr. Rodrigo Borja, expresidente de la republica del Ecuador y connotado académico y político del país del norte. “Haya de la Torre y la integración andina”, fue un tema que, en su exquisitez expositiva expresaba un pleno dominio de la doctrina aprista. Rememoró que su estancia en Lima durante los primeros años de su infancia y juventud, dado que su señor padre, era un exiliado político ecuatoriano de antaño, hizo que se sumergiera con mayor sentido lógico en la interpretación y estudio del aprismo, definiéndolo como una ideología con características innatas, porque contaba con filosofía, doctrina y principalmente teoría económica.
El tercer día se iniciaba con la participación del Dr. Julio Yao, diplomático y catedrático de la Universidad Nacional de Panamá. El tema: La internacionalización del Canal de Panamá”, signaba uno de los puntos del Programa Máximo del APRA que enarbolada como bandera de acción Haya de la Torre en sus debates, escritos y coloquios. El Dr. Julio Yao, con magistral dominio sobre la problemática del Canal de Panamá concentró al auditorio en el conocimiento del tema.
El Dr. Germán Peralta, catedrático universitario y gran exponente de la ideología aprista hizo una elocuente disertación sobre Haya de la Torre y su apostolado en el estudio de la realidad peruana, indo americana y mundial, su gran faceta vinculada a la enseñanza y el desarrollo del conocimiento, que definía al Haya Educador.
Francisco Delich, catedrático de la Universidad de Córdoba y Diputado de la republica de Argentina, con el tema: “Haya de la Torre y los origines de los movimientos nacional-populares en América Latina”, explicó meridianamente los pormenores de la Reforma Universitaria de Córdoba, el impacto del movimiento juvenil universitario en la nueva dinámica del movimiento popular latinoamericano a inicios del siglo XX y el rol que cumplieron grandes pensadores como Gabriel del Mazo, Alfredo Palacios, Víctor Haya de la Torre, entre otros. Delich deslindaba meridiamente posiciones con aquellos que creen en los dogmatismos de derecha o de izquierda, valorando la posición relativista de la doctrina del APRA.
Finalmente, el euro centrista Juan de Rivero, del Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos, se involucraba en el conocimiento del pensamiento de Haya de la Torre desde la perspectiva del ángulo europeo y sugería la urgente necesidad de asumir el reto de investigar en mayor dimensión la producción programática de Víctor Raúl Haya de la Torre.
En los intermedios la calidad argumental de los participantes, ponía a prueba la sapiencia y la perfomance de los conferencistas. Resaltando la participación del José Matos Mar, calificado tratadista peruano, autor del libro: “El Desborde Popular”, con una extraordinaria claridad destacó pasajes importantes de la vida de la Haya de la Torre, su cercanía amical al líder del APRA, lo que le permitió trasmitir al auditorio hechos inéditos de gran valor histórico. Percy Murillo, destacado historiador aprista y autor del libro: La Historia del APRA, tesis de grado publicado antes de la respectiva sustentación en su alma mater, debido a las controversias que generó la propuesta en las autoridades universitarias de la época, congregó calurosos aplausos ante su precisa y corta alocución sobre Haya de la Torre.
Luego de tres días de intensa reflexión sobre el pensamiento de Haya de la Torre, Javier Tantálean Arbulú, en representación de la USMP, con compromisos importantes sobre las conclusiones del Seminario Internacional, entre los que se incluyen la creación de Instituciones que aborden permanentemente la temática de la integración con la participación de varios países del continente y la necesidad de replicar lo sustantivo del evento, el 04 de Julio a las 19.30 horas, clausuró el evento.
En resumen, un Seminario académico de gran contenido, despercudido de pasiones y camisas de fuerza, que trasunta voluntades valorativas, que marca huellas en la búsqueda de la perennización del pensamiento de Víctor Raúl de la Haya de la Torre y es el mejor homenaje al 7 de Julio de 1932 (a los mártires de la revolución de Trujillo) y al 12 de Julio de 1979 (suscripción de la Constitución Política de 1979).

(*) Participante.

Iquitos

PARTIDO APRISTA PERUANO - PATERSON/USA

VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE, RENACE EN FEBRERO

Por Victor Raul Huamán,
aula_magna@yahoo.com

El mes de Febrero es el momento donde los sentimientos de millones de peruanos se entrelazan con los sentimientos que genera la vida sin tregua que tuvo Víctor Raúl Haya de la Torre. Y es que un 22 de febrero nació este gran luchador social, a quien rendimos un homenaje por esa luz que nos tocó el alma con su pensamiento y obra.

Todos los años en estos días, el APRA, partido político que logró fundar, realiza en Lima  el “Mitin de la Fraternidad”, en la cuadra 12 de la Avenida Alfonso Ugarte de Lima. Ese día estarán con sus discursos el joven, el manual, el intelectual y los dos líderes políticos más importantes de dicha organización: Alan García Pérez, dos veces Presidente del Perú y el siempre Presidenciable Jorge del Castillo Gálvez, Secretario General del PAP.

Tradicionalmente estos discursos se caracterizan por que se dicta la línea política a seguir del partido frente al gobierno de turno, analizándose la política nacional y los efectos económicos con un enfoque Indoaméricano, como le gustaba llamar al Maestro Víctor Raúl al territorio Americano desde el Río Grande de México hasta la Patagonia de Chile y Argentina. Esa dirección académica fue el que le dio siempre a sus discursos públicos, con la autoridad que le daba ser un apóstol de la democracia.

Existe una anécdota edificante, sucedida en la celebración de la fraternidad de febrero de 1974 en pleno gobierno de facto del Gral. Juan Velasco Alvarado. Por aquel entonces, Haya de la Torre era el solitario defensor de la democracia que incansablemente pedía, en sus presentaciones públicas, el fin de la dictadura y que se convoque elecciones.

Durante aquel discurso, Víctor Raúl anunció los peligros de mantener un Estado sin democracia, el riesgo de la ingobernabilidad, el contexto de un país a la zaga de las expectativas de otras naciones vecinas y el previsible fracaso de un gobierno pro-comunista a la luz de la experiencia en Chile unos meses antes con Salvador Allende. Fue un mensaje pedagógico sin mencionar o aludir personas, pese a las recomendaciones de que "era el momento de atacar al dictador". Muchos ignoraban que unas horas antes del mitin le habían informado que el General Velasco había sido internado de emergencia, ante una recaída de un mal que lo aquejaba.

Al día siguiente del mitin, la esposa del General, Doña Consuelo Gonzáles, ingresaba al Hospital Militar para atender al esposo enfermo. No terminaba de acomodarse, cuando le preguntó el General: “¿Es verdad que anoche Haya de la Torre me atacó en su discurso?” Y ella contestó: “No es cierto Juan. Eso es mentira. Yo estuve en el mitin con dos amigas más…”. Luego pasó a darle los detalles del contenido del discurso. Sin dejar de escuchar a su esposa, volvió la mirada para observar las primeras planas de los diarios que acababan de alcanzarle, en las que se adulteraba el mensaje de Víctor Raúl, lanzando un enojado comentario: “Estos desgraciados de la prensa son una sarta de mentirosos”.

Haya nunca dio un discurso para encender a las masas y lanzarlas al despeñadero, mucho menos para referirse a los rabones que buscan rodear al gobernante para malinformarlo. Víctor Raúl aquella noche había demostrado “…la grandeza del que vivió entre los brazos de la aurora…” y de lo que es trascender la propia existencia del ser, porque “…los hombres pasan y las ideas quedan”.

Hoy no tenemos al líder físicamente, pero en cada uno de los leales a su pensamiento está su espíritu vivo. Ahora,  en este mitin del Día de la Fraternidad, programada para este viernes 24 de febrero, son nuestros dirigentes quienes deben advertir al actual gobierno de las necesarias rectificaciones así como señalar los aciertos sin ninguna mezquindad.

Y en cuanto a la misión de nosotros, los que confiamos en un país soberano con justicia social, no reparemos en el esfuerzo de hacer escuela de valores, pedagogía y un arte de la política. Preguntémonos todas las mañanas ¿Qué hice ayer por mi país y que haré hoy? Eso nos hará dignos discípulos y herederos del aprismo. Es lo único que podremos dejar a nuestros hijos y a los jóvenes que no conocieron a Víctor Raúl Haya de la Torre un día como hoy, 22 de Febrero.

22FEB, 2012

HAYA DE LA TORRE, 117 Años de una leyenda de creación


Por el Ing. Juan Orlando Orrego Sevilla

Cualquier ponencia sobre Victor Raul Haya de la Torre, es difícil de elaborar, justo en estas fechas que se conmemora los 117 años del natalicio del fundador del aprismo. 

El aprismo que Haya de la Torre construyo nació, en circunstancias en que la nacionalidad peruana estaba grávida de su nacimiento en aquellos turbulentos tiempos de la década de 20 en siglo pasado. Decía, Antenor Orrego, “… las condiciones económicas, sociales, morales y políticas lo habían engredando en las entrañas mismas del pueblo…”. Haya de la Torre, es a todos luces, función de su teoría y visión política, un aglutinador no solo de masas, sino, es un político excepcional, es el punto de convergencia de una generación que polariza el pasado en lo que tiene de vital y el porvenir en lo que tiene de trayectoria humana. 

El Fundador del aprismo fue un crítico permanente de su misma aportación doctrinaria. Estudio y vio con admirable precisión el problema marxista de la revolución indoamericana. Apartándose del sesgado análisis neo y pseudo académico, así como, de lo libresco de esos análisis que siendo simplistas pretendieron mimetizar en América la plantilla revolucionaria de otros continentes y realidades distantes. Apartándose del verbalismo maquinal y automático del trópico que tendió siempre a una imitación literal. Para ello, Haya de la Torre nos lego a todo sus herederos no solo el sublime arte de lo político, sino también el estudio permanente y serio de la realidad económica y social de nuestros pueblos, de nuestros pueblos – naciones, solo así, la doctrina aprista puede encarna una vasta fuerza liberadora multitudinaria de hombres libres y bien.

YO NO DISCUTO, YO HAGO

Efectivamente, Haya de la Torre, a pesar de su gran talento polémico, ha hecho e hizo. No hay otra replica para la acción del fundador del aprismo, que otra acción de igual y superior nivel vital. Haya de la Torre fue un hombre de acción. Podríamos compararlo solo a los grandes capitanes de la Independencia. Mas aun, su grandeza, transcendencia y gran envergadura estará en función de que él nunca movilizo, como fuerza esencial, las bayonetas y los cuarteles; movilizo en primer término las fuerzas civiles de la Nación. Como lo hemos dicho, el héroe civil. El martirologio aprista esta rebosante del héroe de la masa anónima, que esta, reclamando aun su Plutarco para una nueva serie de vidas ejemplares.

Haya de la Torre, nos educo para vitalizar permanente nuestra fe, renovar nuestros convencimiento, si realmente quiere ser aprista, lo principal es ser un hombre libre, un creador permanente que aspira a dar, a generar condiciones a sus semejantes que les permita vivir con optima dignidad humana. 

El legado de aprismo de Haya de la Torre puede simplificarse en el renunciamiento de los vicios del placer normal de cualquier individuos social, a la disposición siempre a rectificar nuestra fe y convencernos de nuevo de en este hoy, así como, ayer que lo aprendido hará que nuestra lucha social dignifique la condición humana de nuestro pueblo – nación. Porque, Haya desde la inmensidad de su reposo eterno nos dice: ¡Que importa que no digan que no hemos contradecidos, y que por nuestras contradicciones nos objeten y nos hayan combatido durante 8 décadas, que importa que hayamos sufrido en el amor propio, eso es nada, si tu lealtad nunca se ha roto y destella en el inmenso universo de nuestro pensamiento! Matemos la vanidad y exaltemos el orgullo; matamos los honores y exaltemos nuestra dignidad. El aprismo es creer, es crear y creer de nuevo, es estar en aptitud para una nueva creación, una nueva renovación.

Compañeros aquí no hay revisionismo, ni claudicación; aquí lo que hay es aprismo puro, porque, Haya no inculco a aprender a convencernos, a aprender también a degollar nuestro convencimiento. Porque el único medio para renovar nuestra creencia en el aprismo de Haya, es rejuvenecer y vitalizar nuestra FE, en base al entendimiento nuevo del espacio tiempo-histórico, eso nos permitirá mantener una eterna facultad creadora de espíritu aprista, porque el aprismo significa libertad en toda su integra plenitud. 

Por ello, el aprismo según hoy al recordar 117 años de natalicio del fundador nos pide dejar de lado en el APRA, el fanatismo, egoísmo, el sectarismo, el académico, el secuaz, el prosélito, porque son hombre malos que no aprenden a converse de nuevo.

Apristas, hermanos todos de corazón, como hombres libres y de bien, aprendamos a convencernos de que somos mas que un partido político, somos una doctrina de fe, de cambio renovador, y que aunque hemos matar una creencia del ayer, es solo para ser libres, y como el ave fénix renacer; y ser en si esencia creadora en este siglo como lo fuimos en el ayer. Cuando hayamos conseguido a cada instante, convencernos de una nueva cosa y cuando a cada instante también, mates una certidumbre doctrinal habrás logrado la integridad de tu libertad ideológica, de tu conciencia política, y de tu dignidad humana pero sobre todo habrás entendido en su inmensa la grandeza a Haya de la Torre, solo así, podrás decir ¡SOY APRISTA! ¡SOY HAYISTA!; Y  Haya, el c. Jefe, el Maestro de esa indoamericana multi-racial y en permanente evolución, en su reposo eterno podrá descansar verdaderamente en paz, pues, que logro “después de su muerte, la Victoria”, ya que su pueblo nación logro totalmente su libertad y su justicia social.

domingo, febrero 19, 2012

Recado del corazón del pueblo por Manuel Seoane

Compañero Jefe, compañeras y compañeros:


Traigo para ti, Compañero Haya de la Torre, un recado que viene del corazón del pueblo. Fue dado en el lenguaje sin palabras con que habla el sentimiento popular. Viene de mis discurseadores compañeros parlamentarios que esta vez me miraron en silencio para darlo, y de los trabajadores periodistas de "LA TRIBUNA" que detuvieron su tecla sin decir nada. Recado del corazón del Pueblo, que llega desde el obrero de la fábrica que sabe qué nombre tiene la jornada por la lucha de las ocho horas del año 18, y que viene también del estudiante que conoce cómo nació la Reforma Universitaria del año 19. Recado del corazón del pueblo, porque me dieron sin decirlo, la firme mirada del militante sectoral, la voz esperanzada de justicia de trabajadores y de campesinos, la fe de empleados y estudiantes, la ternura constructiva de las madres y el ansia de bondad de las hermanas, las hijas y las novias, el viril optimismo de los jóvenes, la diáfana alegría de los niños, el canto de los pájaros y el rumor de las olas y el tenue estallido de las semillas bajo tierra.

Porque no es sólo el Perú espiritual el que se engalana, sino también el Perú físico, en su aire, en su mar y en su suelo, el que hoy saluda la fecha inaugural de su gran transformación. Recado del corazón del pueblo, porque ya sé que hoy abruman mi voz los encargos sentimentales que vienen de la verde Loreto de los ríos y de la tibia Tacna de las fronteras transidas, que llegan del Cuzco de Santos Huallpa, DONDE AÚN GUARDA SU DESTINO LA RAÍZ INTACTA DEL IMPERIO, y desde la blanca y soledosa tierra abierta de Trujillo, cuna y escenario del manantial sangrante del aprismo de 1932. Recado del corazón del pueblo que viene desde más allá de la vida, porque son los ocho brazos izquierdos en alto que llevaron hasta el cielo los marineritos fusilados en el trágico peñón; porque es la sombra católica de Philips y sus compañeros visitando a la muerte en las rocosas pampas ancashinas, porque son los miles de apristas que aún sobrevuelan en las enrojecidas pampas de Chan-Chan, y es la presencia tremenda de Arévalo, que ha regresado de la muerte con sus claros ojos verdes, para decir en nombre de todos lo que emprendieron el viaje sin retorno: también estamos aquí presentes, compañero Jefe.

Que otros digan o elogien el pensamiento o la acción del compañero Jefe. Yo sólo traigo un recado sentimental y emotivo. Porque éste no es un acto de definición política, de exhibición doctrinaria, de orientación polémica.

Este es un acto que parte y que llega desde las zonas más ele¬vadas y profundas que la simple coincidencia ideológica. Ya dije alguna vez, que si nos preguntaran a nosotros los apristas qué lazos nos vinculan con más rigor, responderíamos que esta especie de parentesco moral que nace de sabernos compañeros en una misma causa que, por sobre todos los requisitos, impone la condición de amor a la justicia y la limpieza en la conducta.

Por eso nuestro Partido, como se afirmó desde 1931, no es un club de compadres en busca del Presupuesto Nacional, sino una viva y firme fraternidad moral, nacida del rechazo a las injusticias morales y del amor a la empresa de transformar las bases materiales y espirituales del Perú, para tornarlo hogar de la alegría para todos los peruanos. Y porque nuestro Partido es una hermandad en la lucha, en el dolor y la victoria, ejercitamos el orgulloso derecho de dar cálida celebración a nuestro hermano mayor. Pues si alguien interrogara por qué damos este extraordinario realce al onomástico del Jefe, responderíamos que porque él es un guía y un ejemplo, y como es él, tierno y sacrificado hermano de todos, especialmente de los humildes y de los débiles, el dulce pueblo aprista esta vez, sin consulta ni Congreso, por mandato imperativo de abajo a arriba, ha resuelto consagrar de hoy en adelante y hasta CUANDO SEAMOS POLVO EN VIAJE A LAS ESTRELLAS, EL DÍA 22 DE FEBRERO COMO EL DÍA APRISTA DE LA FRATERNIDAD.
Apenas dobla por un año la larga esquina del medio siglo, y ya puede columbrarse el camino recorrido. Ahí están 30 años de vida insobornable y limpia, que nadie puede mover. Porque recuérdenlo, compañero, es fácil ser rebelde y altivo a los 20 ó 30 años, pero difícil es ser altivo y rebelde durante 20 o 30 años continuos. ¡Y cómo eran los tiempos cuando Víctor Raúl empezó la gran transformación! Yo lo recuerdo hace 28 años, cuando vino a Lima, pálido y delgado estudiante vestido de luto. Imperaba entonces una orgullosa y millonaria oligarquía, ciega y sorda a todo progreso social.
A ella le fue arrancada la jornada de las ocho horas. Después vino la burda tiranía, que manejaba el látigo en una mano y en la otra la dorada moneda para comprar conciencias. ¡Ah, cómo se le rindieron, por el chicote o el oro o por ambas cosas a la vez, muchos almidonados señorones de nuestra política tradicional! Pero el régimen de entonces tropezó con elementos nuevos, con Haya de la Torre, tallado y bruñido como un diamante, y vino el inevitable choque de conductas y mentalidades, que abrió los caminos del destierro. Allí, lejos de la patria, empezaron los germinales tiempos de tormenta, y en medio de la lucha por el pan y de la defensa de la salud, una alborada de milagros nació en el horizonte de América, hacia 1925: la estrella de cinco puntas de la doctrina aprista. El resto es historia conocida, porque está escrita en el corazón y en la esperanza de todos, especialmente esos terribles 15 años, OSCURO TÚNEL DE ABUSOS Y DE SANGRE, LARGO CALVARIO DE MUCHAS ESTACIONES, que el Jefe recorrió, orgulloso de ocupar el puesto de mayor peligro. Allí sentimos afianzarse y aumentar nuestra fraternidad. Y allí se probó, en el duro yunque de la lucha sin descanso, la fortaleza moral de un hombre de excepción.

Atacado por la enconada furia de los enemigos del pueblo, reducido muchas veces a exiguos círculos partidistas, con la sombra de la muerte rondando en su torno, perseguido o preso, amenazado siempre, rodaron los regímenes y los años tras los años, pero él no se rindió, no dobló las rodillas ni al temor, ni la estulticia encontró asidero para su tentación. Allí siguió en su puesto, con su firmeza y su valor, con su ancha ternura y su alegre optimismo, altivo y sereno en su puente de mando, seguro de llevar en sus firmes manos la esperanza misma del pueblo del Perú.

¡Cómo no vamos a quererlo con el cariño y respeto que nace espontáneamente de nuestro corazón! Sin duda debe tener algún secreto o embrujo. Porque a lo largo de su vida va amarrando voluntades y corazones al ancho tronco de su afecto. Pero en verdad, ni hay secretos, ni hay embrujo y debemos decirlo. Todos le decimos "viejo" al referirnos a él, pero viejo porque lo identificamos con esa capacidad de experiencia y de bondad que a él le llegó tempranamente, dándose el lujo de ser "viejo" desde los 40 años, cuando todos los de esa edad aproximada seguimos siendo jóvenes. Sí, no hay embrujo ni secreto.

Simple y diáfana ternura humana. PROFUNDA Y DULCE TERNURA POR EL HOMBRE COMÚN QUE HABITA BAJO EL CIELO. Algunas veces periodistas americanos indiscretos me han preguntado por qué Haya de la Torre no ha fundado un hogar. Y yo les respondo que sí tiene familia, una extraña familia, con muchas madres y esposas e hijas, y muchos padres, hermanos e hijos, una larga familia de un millón de personas, que es el pueblo aprista del Perú. Él ama a su familia como nadie.Pudo serlo todo en su vida, a poco que se lo hubiera propuesto. Pero prefirió arrastrar la pobreza y el trabajo, el peligro y la incomprensión, por servir al pueblo, que es al mismo tiempo su familia. Nadie lo supera en abnegación y en capacidad de sacrificio. Porque quizá sea necesario decirlo alguna vez. Cuando llegó la hora del amanecer, y se produjo la alegría del reencuentro, y el Partido volvió a ser visible mayoría ciudadana, la voluntad popular quiso darle el título legítimo que le concedió en 1931, y que aún aguarda la hora de su definitiva otorgación. Pero él renunció con generosidad, abnegación y sacrificio, en silencio y con unción patriótica, como nadie lo ha hecho hasta ahora, como un nuevo San Martín.

El Perú no estaba acostumbrado a estos gestos de grandeza del alma y quizá por eso todavía quienes, en clubs aristocráticos o en cerrados cenáculos antiapristas, niegan esta grandeza de alma. Pero nosotros felizmente la conocemos de cerca y por eso quere¬mos a nuestro Jefe, con la limpia y viril ternura con que quieren los hombres probados en el martirio, y aquí estamos los apristas de la vieja y la nueva guardia, todos en guardia contra la reacción, satisfechos y contentos de sentirnos juntos y unidos los cachorros y también los cachorritos, hermanos, hijos y nietos del león.
He querido, compañero Jefe, en este recado que viene del corazón del pueblo, exaltar tus virtudes y cualidades sentimentales, por que ellas son, al juicio del hombre común, la garantía más segura del amor a la justicia y a la prenda más reluciente y urgida para un político moderno en un país ensombrecido, empobrecido y necesitado de comprensión y ternura. Nuestros problemas son problemas técnicos y económicos y sociales y de mercados y de muchas otras cosas más, pero en última instancia tienen un solo y común denominador. Son problemas que muchas veces sólo necesitan un corazón bien puesto. Y porque sabemos que ES EL ÁMBITO INTERIOR DE NUESTRO JEFE Y HERMANO, aquí hemos venido todos, los presentes y los ausentes, los vivos y los muertos, en este Día de la Fraternidad Aprista, a encender las fogatas de alegría de nuestro primer 22 en libertad.

Y porque hablo en nombre de todos los compañeros del Partido, tengo la obligación de entregarte un regalo. Yo sé que no van a entenderlo ni verlo siquiera los que no son apristas. Traigo en este cofre de espíritu el viejo tesoro del aprismo. Abrimos una roja tapa de sangre y conmigo están —todos las vemos— las cuatro palabras mágicas de nuestra fortuna. Allí las puso Manuel Arévalo antes de irse hacia la muerte esa tarde del camino frente al mar. Allí están todavía intactas, lucientes, invictas hablando al pasado y al futuro. Te las traemos hoy, como nuestro mejor regalo, hecho promesa de mantenerlas y servirlas. Porque sabemos, compañero, hermano y Jefe, que nada llegará más puramente a tu corazón que saber que decenas de miles de apristas, en todo el país, van a prometer conmigo seguir cuidando el tesoro de nuestras cuatro palabras mágicas: FE, UNIÓN, DISCIPLINA Y ACCIÓN, y que miles de apristas van a repetir también, como un regalo de fraternidad y de fe aquellas frases tibias que trajiste del destierro, que has realizado en la vida y que son ahora prenda gloriosa de nuestra causa.

Repitamos una vez más, compañeross los hombres probados en el martirio, y aquí estamos los aprlstas de la vieja y la nueva guardia, todos en guardia contra la reacción, satisfechos y contentos de sentirnos juntos y unidos los cachorros y también los cachorritos, hermanos, hijos y nietos del león.
He querido, compañero Jefe, en este recado que viene del corazón del pueblo, exaltar tus virtudes y cualidades sentimentales, por que ellas son, al juicio del hombre común, la garantía más segura del amor a la justicia y a la prenda más reluciente y urgida para un político moderno en un país ensombrecido, empobrecido y necesitado de comprensión y ternura. Nuestros problemas son problemas técnicos y económicos y sociales y de mercados y de muchas otras cosas más, pero en última instancia tienen un solo y común denominador. Son problemas que muchas veces sólo necesitan un corazón bien puesto. Y porque sabemos que ES EL AMBITO INTERIOR DE NUESTRO JEFE Y HERMANO,aquí hemos venido todos, los presentes y los ausentes, los vivos y los muertos, en este Día de la Fraternidad Aprista, a encender las fogatas de alegría de nuestro primer 22 en libertad.

Y porque hablo en nombre de todos los compañeros del Partido, tengo la obligación de entregarte un regalo. Yo sé que no van a entenderlo ni verlo siquiera los que no son aprlstas. Traigo en este cofre de espíritu el viejo tesoro del aprismo. Abrimos una roja tapa de sangre y conmigo están -todos las vemos- las cuatro palabras mágicas de nuestra fortuna. Allí las puso Manuel Arévalo antes de Irse hacia la muerte esa tarde del camino frente al mar. Allí están todavía intactas, lucientes, invictas hablando al pasado y al futuro. Te las traemos hoy, como nuestro mejor regalo, hecho promesa de mantenerlas y servirlas. Porque sabemos, compañero, hermano y Jefe, que nada llegará más puramente a tu corazón que saber que decenas de miles de apristas, en todo el país, van a prometer conmigo seguir cuidando el tesoro de nuestras cuatro palabras mágicas: FE, UNION, DISCIPLINA Y ACCION, y que miles de apristas van a repetir también, como un regalo de fraternidad y de fe aquellas frases tibias que trajiste del destierro, que has realizado en la vida y que son ahora prenda gloriosa de nuestra causa.

Repitamos una vez más, compañeros: en la lucha, HERMANOS... en el dolor, HERMANOS... y en la victoria, HERMANOS."

lunes, febrero 13, 2012

INVITACION A MISA POR EL 117 ANIVERSARIO DE NATALICIO DEL c. JEFE VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE

sábado, febrero 11, 2012

Andrés Townsend Ezcurra o la disidencia agónica

El c. L.A.S. y c. Andres Townsend
Por Eduardo Bueno LeónEN LA FE PERO NO EN LA IGLESIA
Don Andrés nació el 23 de marzo de 1915 y murió el 31 de julio de 1994, fueron casi cincuenta años de intenso trabajo intelectual y político en el partido aprista bajo la fecunda sombra de los líderes fundadores: Haya de la Torre y Manuel Seoane.

Townsend era descendiente de inmigrantes irlandeses que viajaron a las Américas huyendo de la célebre hambruna de 1842, uno de los cuales se asentaría en el norte peruano. Siendo muy joven perdió a sus familiares más cercanos, y casi adolescente se inscribió en el naciente partido aprista, militancia por la cual fue deportado en 1935 a Chile, trasladándose posteriormente a la Argentina, donde concluirá sus estudios. En 1945 regresará al Perú y dirigirá La Tribuna, el épico diario aprista que tanto aportó al debate de las ideas y la construcción de la democracia peruana.

En 1948 con el golpe de estado del Gral Odría, partirá nuevamente al exilio hacia Panamá y posteriormente a Guatemala donde se dedicará al periodismo y la docencia universitaria. Formará parte de los jóvenes apristas que se mantendrán firmes al lado de Haya de la Torre, cuando comenzaron las voces disidentes tras el fracaso de 1948.

En 1956 comenzará su labor diplomática en las Naciones Unidas, donde participará en el debate y redacción del Pacto de Derechos Sociales, Económicos y Culturales logrando la inclusión del Derecho de Huelga, que será la base de futuros convenios internacionales principalmente de la OIT.

El 1960 ya bordeando los cincuenta años contrae matrimonio con Anel Távara Diez-Canseco, la compañera de su vida y activa militante del Partido Aprista. Es elegido diputado por Lambayeque y en 1964 organizará, la que tal vez sea la obra de su vida política, el Parlamento Latinoamericano del cual será Secretario General reelecto hasta su retiro en 1991.

En 1968 al producirse el golpe de estado del Gral Velasco, Townsend Ezcurra entonces Presidente de la Cámara de Diputados, se asila en una embajada extranjera. Este gesto le será duramente reprochado por sus detractores que tratarán de contraponer su búsqueda de asilo, a la imagen de un Armando Villanueva del Campo protestando en las calles contra el golpismo.

En los años setenta presidirá la escuela de formación política de la Fundación Ebert en Costa Rica, retornando al Perú tras breve estadía y asumiendo posiciones de dirección política al lado de Haya de la Torre. Integrará la Asamblea Constituyente, donde aportará de forma sustantiva en la formulación de la Constitución de 1979. También redactará el discurso inaugural de Haya de la Torre.

Tras la muerte del fundador del APRA, su enfrentamiento con Armando Villanueva devendrá en una abierta disidencia al formar el MBH e integrarse a la alianza Convergencia Democrática para participar en las elecciones de 1985. Electo Senador concluirá su labor en 1990. Se realizaron múltiples ofrecimientos y gestiones, pero no podrá regresar al partido aprista pese a ser un sólido aliado del PAP en el Senado de la República.

En 1991 pasará a presidir el Consejo Consultivo del PARLATINO y comenzará su última gran batalla contra la enfermedad que le ocasionará la muerte el 31 de julio de 1994.

Townsend publicó varios libros destacando el extraordinario “Bolívar Alfarero de Repúblicas”, además de “Patria Grande: Pueblo, Parlamento e Integración” y, la compilación de “Cincuenta años de Aprismo”. De este último libro tenemos la mejor definición de su trayectoria al final de su vida:
“Aprista convicto, Hayista militante, en la fe pero no en la iglesia“
SU APORTE AL APRA

Como todos los integrantes de la generación de la FAJ, el aporte de Townsend fue teórico y práctico, fue creativo y de entrega militante. Esa generación de la cual formaron parte Nicanor Mujica, Luis Felipe de las Casas y Armando Villanueva del Campo, ya sea desde la cárcel, el exilio o la resistencia interna, mantuvo vivo al partido, organizándolo, reproduciéndolo y dándole un prestigio internacional, que es fácil constatar en las publicaciones del continente en el período que va desde los años treinta hasta los años cincuenta.

Townsend aportó al APRA su talante polémico, fina inteligencia y privilegiada pluma. Los debates desde el diario La Tribuna con la reacción derechista durante el gobierno de Bustamante y luego sus polémicas contra los liberales ultramontanos en los años cincuenta, así como su sólida y dura posición de intransigencia contra los áulicos y epígonos del comunismo criollo e internacional, se cuentan entre sus aportes más notables. Mucha de esa obra periodística de combate por las ideas apristas está diseminada en diarios y revistas del Perú y del continente, siendo la Tribuna la trinchera principal.

Es notable también su contribución para una visión actualizada y de concreción histórica de los postulados apristas integracionistas. Impulsar el Parlamento Latinoamericano y mantenerlo cuando la región se hundía en regímenes dictatoriales es uno de sus logros institucionales más reconocidos, brega que se prolongará incluso hasta 1987 cuando consigue que el Parlatino se institucionalice en 18 países de la región. Otra vertiente menos conocida es su aporte en la formación de cuadros juveniles de izquierda democrática desde Costa Rica, y sus innumerables gestiones para que los postulados de la Democracia Social y Económica fueran reconocidos en convenios y tratados regionales.

Su aporte intelectual y académico puede resumirse en los libros y ensayos sobre la integración latinoamericana, destacando la perspectiva histórica, ideológica y jurídica, en tanto que el Partido Aprista se benefició con la preparación y redacción de sus finos, dialécticos y oportunos pronunciamientos y declaraciones durante la época de la dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez. Documentos que eran discutidos en la Comisión Política o en el Secretariado Colegiado, y que eran avalados por Haya de la Torre.

Su aporte ideológico radica en haber defendido una línea de interpretación global del pensamiento de Haya de la Torre y no sólo la doctrina que fluye de un solo libro. El haber tratado permanentemente de vincular las ideas fuerza del pensamiento Hayista, a los cambios en los escenarios mundiales. Defendió una línea democrática anticomunista intransigente, pero no macartista, y postuló acuerdos amplios con las fuerzas políticas democráticas sin abdicar de la línea antiimperialista y antioligárquica, aunque siguiendo el consejo que Tierno Galván daba a los izquierdistas de su época:
“Cualquier reclamo por más radical que sea, hacerlo, pero con buenas maneras“.
Sin embargo, su mayor y mejor aporte, desde nuestro punto de vista, es la ética pública que siempre lo impulsó, su lucha contra la corrupción política, su limpieza y transparencia como el brillo de sus grandes ojos claros. Luego de toda la corrupción que sufrió el Perú con Montesinos y sus vladivideos, la herencia de Townsend Ezcurra, más allá de sus errores estratégicos, descansa cada vez más en su limpieza moral. No nos sorprenda entonces, la soledad y ostracismo interno de sus últimos y penosos años. El Perú no es un país que reconozca a sus hombres más preclaros.

DISIDENTE SI, TRAIDOR NO

Townsend no fue un traidor del APRA como sus detractores se encargan de repetir cada vez que pueden. Fue un disidente, expulsado ilegalmente por discrepar con una línea política y dirigencial que consideraba espuria, denunció lo que tenía que denunciar y trató infructuosamente de organizar un movimiento político amplio donde sus seguidores y adherentes pudieran expresarse y militar. No tuvo éxito en esta empresa y ello lo terminó aislando aún más del APRA.

Si la disidencia fuera traición entonces Luis Felipe de las Casas también hubiese sido traidor pero no lo fue, tampoco los miembros del APRA Rebelde, por más que después se volvieran duros críticos ideológicos de Haya de la Torre. También serían traidores los apristas que se fueron a trabajar al SINAMOS velasquista, el órgano que trató de desarticular al APRA de sus bases sociales y muchos de ellos regresaron y nadie los llamó traidores.

La historia del APRA es muy compleja y el adjetivo de traición cabe más cuando el partido sufre persecuciones y algunos de sus miembros se convierten en delatores, en operadores del enemigo, en soplones que se venden y rematan, en actores que terminan conspirando contra el partido y hacen leña de la estructura caída. La etapa Fujimorista es pródiga en ejemplos, así como lo fue la etapa odriísta y la velasquista. Los traidores son aquellos que justificaron las persecuciones y avalaron las campañas difamatorias contra el partido y sus fundadores. Don Andrés nada tiene que ver con eso.

Discrepar con una línea política, con un planteamiento ideológico, una estrategia partidaria, o con un grupo dirigencial no tiene por que ser traición, es el sano ejercicio de la diferencia democrática, cuando esta evoluciona a ruptura es entonces disidencia abierta. Y la disidencia es un derecho político.

Townsend denunció irregularidades, inequidades y maquinazos en su contra durante los procesos electivos internos del PAP posteriores a la muerte de Haya de la Torre. Su confrontación abierta fue contra el “Armandismo“ y Fernando León de Vivero, electo Secretario General en el cismático congreso nacional de Trujillo de 1980. Se formaron grupos mutuamente excluyentes y ganó el que tenía más fuerza interna, pero con una lógica de suma cero, que echó de forma autoritaria y violenta al andresismo del partido, y cerró todas las puertas para una reconciliación partidaria necesaria.

Parafraseando a Luis Alberto Sanchez, cuando se refiere a estos episodios en sus memorias,
“Aquí peleamos todos, todos fuimos responsables y todos perdimos“.SUS INCOMPRENSIBLES ERRORES
Townsend cometió grandes errores políticos estratégicos y de interpretación sociológica durante los años ochenta. Sin Haya de la Torre y sin el apoyo de sus compañeros de generación, era evidente su desorientación frente a la crisis interna del partido, la presión inter-generacional y la irrupción en la sociedad peruana de los movimientos sociales y el crecimiento de la izquierda.

Algunos han interpretado injustamente, esa desorientación, con una suerte de ingenuidad y de “no jugar a la política” por parte de Don Andrés, como si la política fuese sólo machiavelismo y pragmatismo frente a los poderes de turno. Y aquí se presenta un problema moral y político, pues la conducta de un líder puede y debe ser juzgada por sus resultados, como dirían los ingleses o desde el ejercicio de la ética de la responsabilidad o de los principios para citar a Weber. Defender principios implica un esfuerzo, talante y sacrificio que muy pocos alcanzan. Pero no siempre la defensa de los principios por si sola, basta para mantener una línea política. También hay que sopesar los medios y los recursos, tanto materiales como humanos.

¿Por qué entonces Townsend que defendió principios éticos y políticos en la coyuntura crítica de 1979-80 perdió tantos espacios en el APRA que terminarían minando su posición hasta caer en la disidencia abierta? La defensa de la democracia interna, la legalidad y la equidad en los procesos electorales internos, la defensa de la fraternidad como cultura política del aprismo, todo ello se perdió en una polarización que Townsend coadyuvó a generar y alimentar, sin percatarse que una polarización sin control del aparato partidario era suicida. ¿Que lo empujó a caer en esa lógica hábilmente preparada por la burocracia ocasionalmente pro armandista y sus operadores?.

La visión que tenía Townsend del partido, era una visión casi religiosa, creada en la lucha, la clandestinidad y el exilio. No concebía un partido que comenzaba a corromperse o lumpenizarse, un partido que de repente ajustaba cuentas y lo encasillaba en una línea de derechas por la convivencia con el pradismo y la coalición con el odriísmo, como si él hubiese sido el responsable de unos acuerdos que construyó Ramiro Prialé y que contaron con el pleno respaldo de Haya de la Torre.

Durante la transición de la dictadura al régimen democrático, comenzada en 1976, ninguna decisión política se tomó, como en otras épocas, sin la autorización de Haya de la Torre, quién alentó la transición y la reconciliación con los militares. De esa época data el abstencionismo de la CTP frente a los grandes paros nacionales, algo que el oportunismo de izquierda en el APRA achacó a Julio Cruzado, cuando era notorio que aquello era directiva de la jefatura del partido.

Además ¿Cómo aceptar que Armando Villanueva era la línea de izquierda, si este gran líder del APRA fue un eficiente operador de la coalición con el Odriísmo en el parlamento y sustentador de la moción de expulsión de la izquierdista APRA Rebelde en la convención de 1958? ¿ Que principios defendía entonces Don Andrés? ¿ Los éticos, de la limpieza partidaria, mientras Armando canalizaba la reivindicación de otro tipo de principios, los que le devolvían al APRA su ubicación de izquierda primigenia?.

Ello no lo entendió Townsend y fue su más garrafal error.

En ese sentido Don Andrés fue víctima de su propia visión irreal de un partido que tras la muerte de Haya de la Torre buscaba redefinir sus espacios e identidades, y que con tal de lograrlo era capaz de destruir todo aquello en lo cual Townsend se había formado, creído y defendido. Su visión mística de un APRA fraterna fue otro de sus principales errores de apreciación. Pero Don Andrés no aceptaba semejante disyuntiva, para él lo mejor del aprismo no estaba entonces en el partido, sino en el pueblo aprista y hacía el se dirigió demandando comprensión y apoyo.

Pero no contó con el surgimiento y proyección nacional de Alan García. Y ahí otro de sus errores, subvalorar el pujante liderazgo de Alan y su capacidad para crear alianzas generacionales mayores. Townsend y su generación entendieron muy tarde que Alan García, el gran operador de la polarización interna de 1980, los estaba cancelando como grupo dirigente con un proyecto político que sintonizaba mejor con las expectativas nacionales que las visiones irredentas de Armando y Andrés.

Y Armando no comprendió, que sin Townsend su proyecto y liderazgo en el APRA, quedaba reducido al güetto y a merced de un alanismo triunfante y avasallador.

Aquí el factor del equipo que rodeaba a Townsend es de resaltar. Algunos miembros de su familia como Francisco Diez Canseco y colaboradores cercanos se cerraron en un antialanismo intrasingente, basados en la creencia que la candidatura presidencial de Don Andrés en 1979 fue impedida merced a un enorme y apabullante fraude en contra suya, y que Alan tuvo mucho que ver con esa monstruosidad que hirió de muerte al partido.

Aunque existían contundentes elementos, que en esa coyuntura confirmaban, la inequidad e ilegalidad de algunos de los procedimientos electorales a favor de Armando Villanueva, lo cierto es que el llamado “Armandismo” fue una fuerza interna con capacidad hegemónica creciente. Y lo más probable es que Armando haya sido ajeno a esas maniobras, en las cuales se enfrascaron diversos grupos burocráticos internos.

El antialanismo obnubiló a Don Andrés y su familia. Si el partido se orientó al liderazgo de Alan García en los años ochenta, eso no fue apreciado como un posicionamiento carismático renovador y una demanda generacional, sino como la consecuencia de un secuestro partidario ilegal. De ello se aprovecharían algunos que rodeaban a Don Andrés y que luego fueron elegidos diputados en Convergencia Democrática, para presionar a favor de la formación del Movimiento de Bases Hayistas.

LIDER GRANDE, PARTIDO PEQUEÑO

El MBH fue una pequeña organización donde se integraron cuadros y militantes apristas que de una u otra manera había sido víctimas de la aplanadora burocrática interna. Sin embargo, la mayoría de los apristas que se opusieron a la gestión de León de Vivero y a la hegemonía armandista, no acompañaron a Townsend en esa aventura. La mayoría con perfil bajo, se reintegró paulatinamente al partido o se alejaron de la política. En ese sentido el MBH no expresó nunca la fuerza que tuvo en algún momento Townsend dentro del APRA, el MBH más bien fue su negación.

¿Fue inevitable la formación del MBH? ¿Que otras opciones, salidas y escenarios alternativos tuvo Don Andrés después del ascenso de Alan García al liderazgo del APRA?. No es un secreto que Luis Alberto Sanchez y Ramiro Prialé trataron en diversos momentos de promover su reingreso, pero esta iniciativa siempre chocó con la dureza y la intransigencia de un sector burocrático integrado por dirigentes de mediano nivel, que hicieron carrera en el escalafón interno explotando el anti andresismo más caníbal. Algunos de esos dirigentes terminarían años después anclados en el Fujimorismo, y en el Antiaprismo.

También en los círculos alanistas más cerrados, un retorno de Townsend no era bien visto por las críticas y acusaciones hechas al nuevo líder del APRA, pero sobre todo porque con la exclusión de Townsend, el espacio partidario vinculado a las Relaciones Internacionales quedaba abierto y despejado, presto a ser ocupado por actores políticos venidos del velasquismo y en pleno ascenso político al interior del partido. Es ley de la política que los espacios vacíos se llenan.

Con una endeble estructura, sistemáticas deserciones y rupturas, con alejamientos que Townsend asumía como traiciones personales, con nuevos personajes ajenos al aprismo, el MBH tuvo su prueba de fuego en las elecciones municipales de 1983 y los resultados fueron devastadores. No ganó ninguna alcaldía y en Lima no superó el 2 %. Estaba claro que el pueblo aprista se mantenía en la iglesia y no le otorgaba a Townsend su confianza fuera del partido. Quienes lo asesoraron para esa aventura, liquidaron su capital político y ni siquiera lograron un espacio electoral propio. El MBH no tuvo la suerte del MEP venezolano, disidente de AD, ni la performance del Radicalismo Intransigente, otra disidencia del radicalismo histórico en Argentina.

Con el MBH Townsend siguió un camino desesperado de supervivencia política que lo llevaría a la alianza con el PPC, partido limeño que se había quedado huérfano de apoyo regional ante el camino propio seguido por Acción Popular en las elecciones de 1985. Con esa alianza, Townsend aseguró una senaduría y tres diputados, uno de los cuales, el Dr. Alberto Borea lo abandonaría al día siguiente sin mayores problemas de conciencia. Esa alianza selló el viaje sin retorno de Don Andrés, que pretendió ser usado por la derecha. Vano intento, pues en el Senado, Townsend defendió posiciones progresistas y mantuvo una línea digna de independencia política, convirtiéndose paradójicamente, en el apoyo estratégico de los senadores apristas.

Su voto fue necesario para la CPA en diversos momentos claves, como la elección de la mesa directiva para el período 1988, cuando otro disidente antialanista del PAP, Jorge Torres Vallejo candidateó para la presidencia del Senado con el apoyo de toda la oposición. El APRA lanzó a Romualdo Biaggi. La coyuntura era dramática, con los problemas derivados por la nacionalización de la banca, Biaggi salió elegido por un voto de diferencia. Ese voto fue de Townsend. Era una cuasi comedia trágica, pues Biaggi fue quién sustentó la moción de expulsión de Townsend del partido en enero de 1981. Siete años después necesitaba el voto de Don Andrés para ser Presidente del Senado y lo obtuvo.

Townsend no albergaba odios ni rencores, al fin de cuentas discípulo de Haya de la Torre y de Manuel Seoane, votó con decoro y gran sentido del humor. El electo Biaggi, agradeció a Townsend en su discurso de aceptación del cargo y rectificando anteriores conductas, lo llamó “Mi compañero de partido".

En sus memorias Roger Garaudy tiene una frase inolvidable refiriéndose a su propia disidencia, “He cambiado de comunidad, pero no de camino”, Townsend había cambiado de comunidad pero no de camino. Y seguiría encontrándose en ese camino con el APRA histórica.

ANTES DE CONCLUIR

Dos acotaciones finales en esta apretada valoración de la vida política de Townsend, por lo demás insuficiente e incompleta.

La primera, es su relación con Armando Villanueva, la cual se deterioró tras la muerte de Haya de la Torre. Compañeros y amigos de generación, la relación entre estos dos extraordinarios hombres de la política democrática peruana y latinoamericana, tiene todo los contornos de un drama Shakesperiano, donde las emociones afectivas se mezclan con las dudas, decisiones y encrucijadas en la lucha por el poder. En los momentos más duros de su confrontación, ambos se criticaron pero jamás se ofendieron ni calumniaron ni se difamaron. Existió un respeto tenso, pero respeto al fin de cuentas. Toda una vida política compartida se sustentaba en vínculos de un signo especial que sólo se reconocen en la generación fundadora del APRA y de la FAJ.

Empero la evidente incomodidad de Townsend en la formula presidencial de Armando en 1980 tanto como el explícito aislamiento al que fue sometido, conspiraron entre otros factores, contra el éxito de la campaña presidencial de ese año. Y como siempre, las intrigas de terceros terminaron de minar y socavar esa relación, que se recompuso en algo, años después.

Pero lo cierto es que ni Armando ni Andrés albergaron rencores u odios eternos. Y ello hasta el final de la vida de Townsend y lo confirma Villanueva cada vez que toca el tema.

La segunda acotación, es la referida al diagnóstico que en los años ochenta procesó Townsend respecto a la sociedad peruana, ella en buena medida estaba sesgada por un anticomunismo teórico y político intransigente, que no le permitió reconocer la fuerza y dinamismo de los nuevos actores sociales y movimientos populares que estaban reconstruyendo el orden social y político.

En ese sentido tanto Townsend, como Armando e incluso Alan García no podían sostener ya en los años ochenta un programa que aplicó el velasquismo en sus aspectos centrales. Sólo quedó la demanda de Democracia, una profundización del proyecto desarrollista, un antiimperialismo más vinculado a la soberanía estatal antes que al control de los recursos y una prédica constante de las ideas fuerza en torno al estado, la integración y la democracia funcional. La visión de Alan García en ese sentido se basaba más en una lectura sociológica radical y en una heterodoxia que tuvo su punto flaco en el voluntarismo sin actores sociales reales aliados a su proyecto.

Armando trató de tender los puentes con esos nuevos actores y Alan quiso comprometerlos directamente en su gobierno, pero la hegemonía social Izquierda Unida bloqueó esos intentos. Salvo el solitario caso de Barrantes, la izquierda era antiaprista y prefirió el hundimiento del APRA antes que una alianza o convergencia estratégica. En ese sentido Townsend no se equivocó, nunca esperó nada de esa izquierda y siempre desconfió de ella, pero la pura negación no solucionaba el problema de fondo, aunque siempre sostuvo la polémica opinión, que el APRA después de la muerte de Haya de la Torre había perdido su carácter social articulador, es decir el Perú se quedó sin su mejor instrumento vertebrador.

Saludos a todos,

Eduardo Bueno León
México DF a 2 de agosto del 2003
* Revisado el 10 de septiembre del 2009

FRATERNIDAD 2012 - Directiva No. 002-2012-CEN-PAP-snom






jueves, febrero 09, 2012

DISCURSO DE VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE EL 28 DE JULIO DE 1978 COMO PRESIDENTE DEL CONGRESO CONSTITUYENTE

Ciudadanos Representantes:

Cuando el 18 de junio, más de cuatro millones de peruanos concurrieron, con ejemplar disciplina democrática, a las mesas de sufragio, en el Perú ocurrió – sin ruido ni sangre- una auténtica Revolución. El pueblo recuperó el ejercicio de una soberanía que le fuera negada a lo largo de diez años, y demostró madurez, responsabilidad y alto espíritu cívico.

Superando gallardamente los escollos de una legislación electoral enmarañada con la introducción del absurdo voto preferencial, el pueblo peruano optó por el camino de la democracia y de los partidos en que la democracia se sustenta y quedó confirmada, con la experiencia peruana la luminosa frase del apóstol cubano José Martí, quien dijo. “Cuando el sufragio es ley, la Revolución está en el sufragio”.

Aquí estamos, con un claro mandato y un eminente designio, como resultado de esta revolución pacífica, cuyas raíces vienen muy de atrás. Se nos ofrece, en 1978, la oportunidad de realizar aquella “gran transformación” con que soñamos las juventudes rebeldes de 1923 y por la que vivieron, lucharon y murieron con gloria, millares de peruanos en los últimos cincuenta años.

Nos aguarda la tarea de cristalizar, en principios precisos y en instituciones modernas, esos ideales de democracia y justicia social, de pan con libertad, que fueron guión y bandera de varias generaciones en nuestro país. Nos aguarda la tarea de promover aquella unidad continental latinoamericana que en el Perú fue motivo de proscripción genocida y que es hoy compartido de las mayorías en el continente. Y si en la Constitución de 1933 se colocó un artículo con el expreso propósito de excluir de sus derechos políticos a quienes profesaban el ideal de la integración continental, en la Carta Política que elabore esta Asamblea, habrá de aparecer el artículo que nos reconozca como parte integrante del pueblo–continente indoamericano. Este solo cambio ilustra sobre la magnitud de la evolución consumada y de las profundas diferencias que median entre una época de predominio dictatorial y oligárquico y otra de despertar y presencia del pueblo, como tal, no admite condicionamiento.

Esta Asamblea encarna el Poder Constituyente y el Poder Constituyente es la expresión suprema del poder del pueblo. Como tal, no admite condicionamiento, limitaciones, ni parámetros. Ningún dictado extraño a su seno puede recortar sus potestades. Cuando el pueblo se reúne en Asamblea Constituyente, que es el primer Poder del Estado. Vuelve al origen de su ser político y es dueño de organizarse con la más irrestricta libertad, nadie puede fijarle temas, ni actitudes, como no sean sus propios integrantes por la expresión democrática del voto. No reconoce poderes por encima de ella misma, porque es fruto indiscutido y legítimo de la soberanía popular.

En un día como hoy, hace 157 años, el Perú declaró su independencia fundándose en la “voluntad general de los pueblos”. El 28 de julio de 1978, fundándose en esa misma “voluntad general de los pueblos” –claramente expresada en las elecciones de junio- sin más limitaciones que aquellas que ella misma quiera darse, se proclama libre y autónoma. Sólo autónoma, soberana y libre podrá cumplir este claro mandato renovador con que la ha investido el pueblo. Sólo así podrá servir con honra a la patria. La hora de las asambleas sumisas y de los parlamentos vasallos ha pasado. El pueblo ha rescatado el manejo de sus propios destinos y no puede renunciar a ellos ni enajenarlos. Los votos del pueblo, en un proceso libre, nos dan título irrenunciable para hablar en su nombre y en su defensa.

La independencia y soberanía de la Asamblea nos imponen a todos ineludibles deberes. El primero es un deber de responsabilidad institucional y de cooperación patriótica. Una Asamblea dividida por antagonismos insalvables, debilitada en su unidad superior de Poder Constituyente, será inapta para cumplir sus elevadas funciones. La Asamblea está obligada –por respeto a los millones de electores que en ella depositaron su confianza- a un trabajo infatigable y fecundo y a una austeridad sin mácula. En este país, tantas veces socavado por hondas crisis de moral pública, los Representantes del pueblo deberán ser paradigma de limpieza. Como la mujer del César, no sólo deben ser honrados sino parecerlo.

Es obvio que la búsqueda de armonías y coincidencias que ofrezcan al texto constitucional un amplio consenso, no significa, de modo alguno, el abandono de posiciones ideológicas ni de ideas ni programas. Es más, una Constituyente resulta palestra natural para la confrontación de posiciones, un planteamiento polémico de diversos caminos. Pero si queremos que la Constitución resulte válida para los más amplios sectores nacionales, debe concebirse como un documento que conjugue propósitos superiores y comunes. Una Constituyente no legisla para un partido, ni para un sector, sino para todo el pueblo y debe procurar la concordancia constructiva de aspiraciones fundamentales.

Debe estar guiada, además, por un sentido y una proyección de futuro. No legislamos para hoy ni para el inmediato mañana. La Constitución, si tenemos la sabiduría de concebirla realistamente, apropiadamente, debe tener vigencia para varias generaciones. Ha de ser lo bastante previsora y flexible para renovarse y renovar, confirmándose como un marco que permita el desarrollo de la sociedad peruana, lo promueva y lo encauce. Y si la defectuosa Constitución de 1933 –por su obsoleto estilo y espíritu- es la última Constitución del siglo veinte, la que se dicte ahora deberá ser la primera Constitución del Siglo XXI. Una Carta Política que, por su participación, modernidad y alcance resulte válida para ese siglo futuro –que muchos no habremos de ver- pero cuyos resplandores aurorales empiezan a dejarse sentir en nuestros conturbados tiempos.

Gran parte del fracaso de anteriores Constituciones se explica por su inadaptación a la realidad nacional. El utópico extranjerismo de muchos legisladores y estadistas les hizo trasladar sin mayor examen, instituciones y a definir las bases del régimen municipal para convocarlos a una nueva y gran jornada democrática.

La restauración del régimen municipal, de origen popular y electivo, conlleva la descentralización administrativa y económica, a través de corporaciones de fomento y desarrollo que garanticen la inversión, en las provincias, de parte de las rentas que ellas producen y que hoy absorbe el centralismo de la capital.

Centrar un sistema político en torno al hombre exige consagrar especial importancia a la preparación del hombre. Nuestra Constitución debe atribuir a la enseñanza una jerarquía dominante y superior. En nuestro contexto nacional, la gratuidad de la enseñanza, en todos sus grados, es una conquista que debemos rescatar. Para el joven estudiante no debe existir más límite en sus aspiraciones, que el marcado por su capacidad. Y erradicar un analfabetismo, que nos avergüenza, debe colocarse entre las primeras obligaciones de un nuevo Estado antimperialista.

Aleccionados por la experiencia de este siglo y por sus realidades económicas, el integracionismo que profesamos es de clara raíz antimperialista.

La integración tiene para el Perú un especial significado. Por su posición geográfica central, por una tradición que viene de su pasado y que se repite en todas las instancias de su historia –el Tahuantinsuyo, el Virreinato, la Revolución Emancipadora que aquí culmina y se funde en sus corrientes principales- a nuestro país le toca contribuir decisivamente a la coordinación latinoamericana, convertirla en una de las metas nacionales, indispensable para su propia subsistencia. Pues el Perú tiene todo por ganar en una Indoamérica unida y todo lo puede perder en una Indoamérica balcanizada.

La Asamblea Constituyente no puede aislarse de la dramática realidad nacional que la circunda. Los problemas sociales y económicos golpean, literal y figuradamente, a las puertas del Palacio Legislativo y sería inconcebible que la Representación Nacional los ignorara. No actuamos en el vacío, sino en el centro de un país castigado por la crisis más severa de su historia. Son los trabajadores, manuales e intelectuales, los que más sufren con la crisis y son sus intereses los que estamos obligados a defender. La Asamblea, en la etapa de sus Juntas Preparatorias, tomó ya decisiones pluripartidarias orientadas a contribuir, a favorecer una solución de los conflictos más agudos. Está en una línea que habrá de mantenerse con lealtad, sin desviaciones y sin demagogia.

Somos Representantes del pueblo y es el pueblo el que hoy padece la angustia de la desocupación, la violencia de los despidos, el dolor y el hambre.

Ser consecuentes con estas mayorías nacionales –campesinos, obreros, clases medias, pueblos marginales- es el primer deber de los Representantes del pueblo. Sé perfectamente que tal es el convencimiento de todos los que  participamos en las tareas de la Constituyente que hoy se inicia.

La Asamblea tampoco puede ni debe separarse del proceso político de democratización peruana. La Fuerza Armada –que se honró asimismo al presidir imparcialmente estas elecciones-, tiene el compromiso de honor de garantizar comicios libres para elegir a las autoridades constitucionales que deben gobernar por elección del pueblo tras el largo interregno castrense de diez años.

No puede haber excusa valedera -y por fortuna nadie ha intentado formular la que justifique un mayor aplazamiento de la plena instauración del orden constitucional. En los comicios del 18 de junio, el pueblo peruano demostró un grado relevante de conciencia cívica. Demostró que los intentos demagógicos
de convertirlo a posiciones totalitarias o de “no partido” no tenían fundamento en las convicciones insobornablemente democráticas de las mayorías populares. El Perú no quiere volver atrás, pero tampoco quiere lanzarse a la aventura, en el vacío. El voto del 18 de junio fue, de modo inequívoco, un voto por el cambio dentro de la libertad. Esa reconciliación indispensable, debe efectuarse, tan pronto la Constitución esté promulgada, en el seno de un nuevo orden institucional y a través de elecciones con voto universal y secreto, donde participen todos los peruanos, mayores de 18 años, sepan o no leer y escribir.

La nueva democracia no puede responder al lineamiento tradicional del liberalismo clásico. Junto al Parlamento colegislador político, representativo de los ciudadanos, se requiere un Parlamento o Congreso Económico,representativo de los productores. Es la dimensión económica y social de la democracia y el órgano propio de la planificación nacional.

La temática constitucional es muy extensa y acaso sólo pueden mencionarse puntos esenciales, el dominio progresivo del Estado sobre las riquezas básicas, la participación efectiva y directa de los trabajadores, la igualdad de la mujer en todos los campos; la atención especialísima de la juventud, ancha fila humana que en nuestro país exige promoción y estímulo especiales. Y también la defensa del medio ambiente y de nuestro patrimonio arqueológico e histórico.

Asegurar que el Perú habrá de incorporarse a la revolución científica y tecnológica que está modificando, en forma acelerada y esencial, el mundo de nuestros días.

Entendamos todo ello, como problema no exclusivamente nacional, sino de envergadura y soluciones latinoamericanas. La nueva Constitución debe reconocer la realidad imperativa, tanto económica, como política e histórica de la integración y debe reconocerlo en su texto con palabras inequívocas.

Nuestra intención será promover la creación de una Comunidad Latinoamericana de Naciones, provista de sus órganos ejecutivo, legislativo, judicial y económico. Sólo a través de ella podremos resistir a los imperialismos cualquiera sea su signo; sólo a través de ella podremos asegurar el desarrollo y la creación de riqueza y su justa distribución. El destino de los países aislados es colonial y dependiente. El de los países integrados –sobre todo en el caso de los países en proceso de desarrollo- es emancipador, libre y socialmente justo.

Asistimos a una revalorización del integracionismo. El antiguo concepto de la unidad latinoamericana fue idealista y evocador. Se continuó en un prístino intento de imitar a la unión norteamericana. Se esterilizó después en la vacua retórica oficial o en la deformación imperialista del panamericanismo.

La disposición transitoria y final de la nueva Carta Fundamental debe ser aquella que convoque a los pueblos a elecciones generales.

De la actividad y celo de los Representantes depende que la ley de leyes se concluya en término de meses para que sea posible la realización de comicios organizados de acuerdo a la nueva estructura del Estado y de sus poderes.

Podremos entonces deparar al continente un verdadero “modelo peruano” - ahora sí- de transformación sin violencia, en libertad y con verdadero sentido de justicia.

Ciudadanos Representantes:

Electo a la Presidencia de la Asamblea por un mandato plural, la represento en su integridad y tengo deberes con todos sus miembros. Todos ellos, sus ideas y sus personas, me merecen igual consideración y deferencia.

Pero seria traicionar la historia misma del Perú en el último medio siglo si, al cabo de esta larga marcha, jalonada por tantos esfuerzos, sacrificios y dolores no tuviera una especial palabra de recuerdo y homenaje para los millares de compañeros, vivos o muertos, que estuvieron con nosotros en el ejercicio de una lealtad sin desfallecimientos. Para ellos y para quienes, antes que nosotros, emprendieron la cruel y dulce tarea de cambiar al Perú, de abolir sus injusticias y cancelar su atraso.

Recuerdo y rindo homenaje a otros héroes anónimos, los de la clandestinidad y la persecución. A los que resistieron estoicos largos años de cárcel y torturas.

A los que padecieron la estrechez y la angustia del destierro. A los que mantuvieron, bajo tiranías y dictaduras, viva y alta, la esperanza en un Perú libre, culto y justo.

Mi homenaje a todos los caídos y a todos los héroes, a todos los partidos, cuyos hombres se confunden en los fastos comunes del pueblo. Nos toca justificar el sacrificio y la esperanza de los luchadores sociales y políticos que, con sinceridad y entrega, quisieron que el Perú se reedificara sobre bases de justicia y libertad, como aquellas que debemos afirmar en la Constitución que nos está encomendada.

Su mandato histórico y el mandato de nuestros electores nos comprometen y obligan. La tarea es clara: elaborar una Constitución que asegure –para hoy, para mañana, para siempre- el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.