martes, octubre 07, 2008

Aunque los fajen

Por el c. Mauricio Mulder
Secretario General del P.A.P.
Congresista 

¿De qué techo no cae una sabandija?, se preguntaba hace casi 100 años Manuel González Prada. Es la cita que se me ocurre recordar ahora que revienta un escándalo de corrupción que involucra a militantes del PAP. 

El que nace barrigón, aunque lo fajen de chico, decían los abuelos. Y Rubén Blades decía si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos. Hay gente que no aprende. Las secuelas de casos similares que fueron escandalosamente difundidos durante el primer gobierno aprista y también durante el belaundismo (Guvarte, Pachitea y Mantaro, Carretera Iquitos-Nauta) en la década de los 80 no les han significado lección alguna. 

Esos casos fueron utilizados por el golpismo de 1992 y hasta por la insania terrorista para justificar tropelías antidemocráticas. Asociar corrupción con democracia es recurrente en la historia del Perú. Y lleva a pensar a muchos peruanos la necedad de suponer que el orden sólo es garantizado por gobiernos dictatoriales. Y muy fácilmente olvidan esos peruanos que durante esos gobiernos dictatoriales la corrupción se decuplica. Que la falta de separación de poderes, el sojuzgamiento de la prensa, el aniquilamiento de los partidos opositores y la más amplia de las cobardías nacionales coadyuvan a que los grandes negociados y robos se den cuando hay dictadura, no democracia.

La secuela de videos con periodistas, empresarios, congresistas, militares, jueces, y todos cuanto algo tenían que ofrecer, no parece haber calado hondo aún en muchas personas. No han tomado en cuenta que decenas de encumbrados personajes del decenio dictatorial anterior están aún presos y procesados y que es sumamente difícil, por no decir imposible, cometer delitos sin que haya ojos u oídos que los estén viendo o vigilando.

Deploro y lamento que este nuevo caso en Perupetro haya contagiado a militantes de mi partido, uno de los cuales incluso ya sufrió semejante afrenta y se le expulsó hace varios años sin que haya aquilatado el esfuerzo colectivo de su rehabilitación. Pienso en los miles de militantes muriendo con el brazo izquierdo en alto frente a las dictaduras. Pienso en el maestro Víctor Raúl clandestino y solo. Pienso en los militantes actuales que esperan ser llamados a colaborar en el puesto más humilde que fuera y nadie los llama y que hoy, por culpa de otros, sufren la injusticia de la generalización
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