domingo, noviembre 30, 2008

Al ladrón, al ladrón…

c. German Luna Segura
Director de LA TRIBUNA

El Partido del Pueblo ha mantenido una firme y coherente posición en contra de los actos de corrupción, sobre todo en lo que respecta al Estado. 

Uno de nuestros principales compromisos tuvo y tiene que ver con nuestro deseo de cambiar radicalmente la política y nuestra firme voluntad de aprender de los errores propios y ajenos para construir, todos juntos, un país donde impere la verdad, tengan todos la misma oportunidad y construyamos en conjunto el desarrollo y la paz para poder vivir como una nación que crece a partir del engrandecimiento de su propia gente. 

Sin duda que las denuncias derivadas de los llamados «petroaudios» han sido un elemento perturbador de nuestra agenda ya que, sin renunciar a nuestros objetivos y planes de trabajo, seguimos de cerca, como todo el país, los acontecimientos que involucran a militantes del aprismo –ahora expulsados-, en un hecho por cierto doloroso para el partido y dramático para el país que, sin perjuicio de lo expuesto, no puede alejar nuestra mirada del otro delito cometido, el del denominado «chuponeo» por el cual se han violentado con desparpajo, el secreto de las comunicaciones. 

No hay delitos buenos, ni delitos malos. Los delitos, delitos son y los delincuentes, cualesquiera que sea su naturaleza o intención, son simplemente delincuentes. Por eso exigimos desde un primer instante la actuación inmediata de las autoridades jurisdiccionales y las sanciones más severas para que los que resulten responsables, sean quienes sean, fuesen sancionados. 

En este contexto, el aprismo ha denunciado la soterrada intención de involucrar al partido en actos en los que se pueden identificar perfectamente a los autores. 

Aquí se trata de ser firmes en determinar la existencia de delitos en la concesión de un pozo petrolero, en el que dos personas expulsadas del partido dialogan en forma nauseabunda acerca de como podían aprovecharse pecuniariamente de ese hecho y la forma en que han querido medrar con la política de alentar inversiones en nuestro país para mejorar el empleo y la infraestructura. 

Sin duda es un hecho que ha tenido graves repercusiones políticas y morales, pero al mismo tiempo, es también motivo de indudable aprovechamiento político para alimentar el escándalo y seguir perjudicando al partido. A esa motivación, de atizar escándalos, lanzar calumnias, desatar toda suerte de chismes y mentiras y manipular políticamente el escándalo, los peruanos estamos acostumbrados, ya que es exactamente el mismo estilo utilizado en su momento por Montesinos para ajustar venganzas o anudar alianzas de carácter mafioso. 

Es lo que sin duda ocurre y ocurrirá en esta ocasión, cuando la mafia, para defenderse, lance toda suerte de calumnias contra el propio Secretario General del Partido, justamente cuando todo el mundo sabe que este fue uno de los más decididos opositores a la trayectoria de los corruptos aludidos y que jamás ha estado vinculado a ningún tipo de actividad empresarial, ni pública, ni privada. 

Todo ladrón cree que los demás son de su misma condición. Y claro, si se ha sido deshonesto siempre, construyéndose casas en zonas exclusivas, “ganándose la lotería”, o llevando una vida opulenta y cuestionable, igualarse con los honestos, con los que tienen trayectorias limpias, que nunca han tenido cuestionamientos morales que pongan en duda su honestidad, moralidad y humildad porque han vivido siempre de su trabajo, resulta un pingüe negocio político. 

Las calumnias no pasarán. Los corruptos no contaminarán a los apristas honestos. No generalizarán sus culpas para así aludir sus propias responsabilidades. 

El APRA es y ha estado siempre fuerte, porque siempre ha sido limpia. 

¡A más calumnias, más aprismo!

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