martes, enero 27, 2009

Capacidad vs. discriminación

Por el c. Mauricio MULDER
Secretario General del P.A.P.
Congresista 

Elegido Barack Obama presidente de Estados Unidos, el discurso facilista de algunos seudoanalistas sigue estando, como en la campaña, motivado casi exclusivamente por el hecho de que se trata de una persona de raza negra, o mejor dicho mulato, ya que su madre era blanca. Incluso he leído artículos de personas serias que al referirse al previsible resultado electoral boliviano han "analizado" la coincidencia de que Evo Morales tampoco sea un hombre blanco, como Obama, y que ambos casos sean, según esos escribientes, una muestra de que el mundo "está cambiando". 

Pues si el mundo cambia por esos factores es porque entonces estamos retrocediendo e involucionando a las épocas del buen salvaje. Hoy resulta que, como en la época colonial o medieval, lo que cuenta ya no es la capacidad e inteligencia de una persona, sino la raza a la que pertenece, su edad, su sexo o cualquier rasgo físico. Basta que una persona posea un rasgo físico característico para que se convierta en dirigente político o sea ese un valor por encima de las capacidades mentales y de liderazgo de la persona. 

¿Por qué la política resulta tan proclive a semejante desnaturalización del quehacer humano? ¿Acaso, como en cualquier otra disciplina, lo importante no es capacidad, inteligencia, honestidad, independientemente de si es blanco o chino, gordo o flaco, hombre o mujer? Digo yo, cuando usted escoge a un médico, un ingeniero o un abogado, ¿lo hace por alguna de esas razones físicas o por su capacidad, experiencia e inteligencia? ¿Desecharía usted a un dentista capaz por otro u otra sólo por consideraciones de genero, edad o raza? 

A las personas hay que verlas en la cancha de acuerdo con sus capacidades. La política no tiene que ser en eso distinta a otra actividad humana y quizá como ninguna otra reclama de sus actores capacidades mucho más complicadas, desde que se trata de un mundo que, a diferencia de otros, no está sometido a reglas claras, su ética resulta sumamente porosa, su entorno está sometido a indescriptibles presiones y su resultado es casi siempre efímero e ingrato. 

Quizá lo aquí dicho no sea lo políticamente correcto, desde que por ejemplo se habla que la mujer debe ser objeto de "discriminaciones positivas", absurdo concepto que por más que encierre supuesta buena intención, sigue siendo discriminatorio y por ende antidemocrático.
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