domingo, junio 10, 2012

IZQUIERDA

Escribe Eduardo Dargent
Diario16.com

“Al elegir a Ollanta, la izquierda trabajó para la derecha sin saberlo, y ahora, al combatir y reprimir a los movimientos sociales, el gobierno y la derecha trabajan para la izquierda”, señala Sinesio López en su última columna “Nadie sabe para quién trabaja”. López considera que si bien existe un enorme malestar en diversas zonas del país contra el modelo económico y el nuevo rumbo del gobierno, estas agendas carecen de peso nacional debido a su desarticulación. Paradójicamente, la actual polarización promovida por Humala permitiría la unidad de estas fuerzas de izquierda: “La cancha está libre, la comida está servida y la izquierda tiene que agradecer al gobierno y a las derechas su torpeza por entregarle en bandeja a los movimientos sociales de protesta. Es probable que de las luchas sociales actuales y de las que se vienen salga una izquierda unida, representativa, capaz de disputar el poder con éxito en el 2014 y en el 2016”.

La tesis del autor es interesante. La historia muestra que, en efecto, la polarización puede contribuir a una mayor articulación política. Son esos valores e intereses cruciales para los ciudadanos los que promueve la organización de partidos nacionales. Los partidos obreros en Europa y América Latina, por ejemplo, se organizaron para luchar contra sectores políticos y económicos que criminalizaban sus demandas. A su vez, los partidos democristianos surgieron en varios países europeos para disputar votos a esos partidos obreros en ascenso. El MAS de Evo Morales probablemente logró el empujón que le faltaba para aglutinar un enorme apoyo social cuando el liberal Gonzalo Sánchez de Lozada ganó la presidencia de Bolivia y mantuvo el modelo económico.

Tal vez López tiene razón y una nueva izquierda puede surgir de la polarización producida por las demandas socioambientales. El tema ambiental y las demandas en torno a los recursos de la minería son, sin duda, importantes para una parte significativa de la población. En un país de partidos débiles, carentes de raíces en el territorio y de ideologías atractivas, una izquierda que explote este tema podría ser relevante a nivel nacional y local. Sin embargo, he leído desde el 2001 demasiados artículos similares sobre el inminente renacimiento de Izquierda Unida como para compartir el análisis. Al revés, creo que el autor minimiza tres barreras enormes para crear un partido de izquierda.

Primero, los caudillos. Esa nueva izquierda tendría que unificar los intereses particulares de líderes regionales y limeños con muy diversas agendas. Estos líderes no muestran hasta ahora interés en subordinarse a una organización nacional ni reconocen sus limitaciones como candidatos presidenciales. Es difícil crear una organización sólida con estos actores.

Segundo, los recursos. Como muestra en un reciente artículo Alberto Vergara sobre el caso del MAS, este partido logró su ascenso al poder en parte por el apoyo de organizaciones nacionales fuertes y con recursos para invertir en política (sindicatos, confederaciones agrarias, etc.). En el Perú, nuestros débiles sindicatos y asociaciones campesinas están lejos de ser el esqueleto de un partido nacional. ¿Quién va a costear una organización nacional? ¿Cómo atraer candidatos competitivos sin recursos? Más aún si los fondos municipales y regionales están supervisados de cerca por el gobierno central.

Finalmente, el programa. El mayor reto para la izquierda, me parece, es determinar qué desean ser, un partido sólido pero minoritario o uno que pueda ganar la elección. Si desean competir en una carrera presidencial que seguramente se decidirá entre tres o cuatro personalidades, necesitan no solo un candidato carismático (esencial en esta política de partidos débiles), sino un discurso que apele a diversos sectores de la población. Quedarse con la agenda ambiental probablemente no alcance para colocarse como favoritos. Pero si renuncian a esta agenda para buscar el voto de otros sectores, como hizo Humala en la elección pasada, se hacen menos atractivos para el sector crítico. Un dilema difícil de resolver. Contra la opinión de López, entonces, creo que el reto de la articulación política en el Perú, sea para los partidos de izquierda, derecha o centro, es enorme. La mesa no está servida para nadie.
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