lunes, mayo 05, 2014

El APRA y la lección que viene desde afuera.



Por  Javier Iván Arenas 

La primera lección. “Debemos cruzar el río sintiendo las piedras debajo de los pies”, dijo Deng Xiaoping aplacando así los temores y las dudas de las reformas en China. Peña Nieto está cruzando el río y ha sentido cada piedra como un puñal filudo en el río turbio mexicano. Impensable para el más optimista más cuando en el fragor de las elecciones pasadas Peña Nieto se equivocó en datos históricos, frases y comentarios inadecuados, que inevitablemente llegaron a poner en duda su liderazgo e inteligencia sin embargo ahora ya como Presidente (no puede pronunciar la palabra de origennáhualt “Michoacán”), se ha  atrevido a emprender un camino de reformas para transformar los ex Estados Unidos Mexicanos- ahora simplemente México-  y poner  al país, mitad azteca- mitad maya, en el concierto de los pesos pesados de la economía mundial. Una decisión trascendental.  Y aunque las reformas, en el papel, no logren concretar todos los objetivos, el   atrevimiento, las ganas y la intensión son de un valor incalculable.

¿Por qué? Primero porque acaba con el mito de un Partido Revolucionario Institucional (PRI) obsoleto al rigor de los cambios globalizadores. Ya no habrá más el “Ogro Filantrópico” del gran intelectual Octavio Paz ni la “Dictadura Perfecta” del duro e incisivo Mario Vargas Llosa. Segundo porque ha sido el PRI quién lidera estas grandes reformas  y no el Partido Acción Nacional (PAN), el partido de la derecha mexicana (¡cuánto lo quisiera!), ni mucho menos el socialistoide Partido de la Revolución Democrática (PRD) que lidera el deslucido y poco carismático Cuauhtémoc Cárdenas, quien parece salido de una fotografía del “realismo ruso”.  Es que atreverse a emprender un camino tan osado como el “Pacto por México”, (como se titula en grande las reformas) necesita de un gran consenso nacional con las fuerzas sociales, políticas y productivas, así como con los Estados Federales liderados por caudillos a veces envueltos en gruesos casos de corrupción y narcotráfico que prefieren el caos y anomia del Estado Nacional. Y eso no es poca cosa. La tercera es, creo, la más importante y una gran lección para un partido como el APRA. El consenso primero viene desde adentro. Proviene desde el mismo seno de un partido tan antiguo, con arraigo popular y con una historia similar al aprismo y eso significa un cambio cualitativo en cuanto a los paradigmas ideológicos y programáticos acorde a nuestro tiempo, una apertura hacía adentro si cabe la palabra. El Estado no puede hacer todo y muchas veces el mercado asigna mejor, con mayor eficiencia y con externalidades positivas los bienes, servicios y recursos. Atreverse a dar un giro en la política energética, vital para las venas económicas mexicanas y de donde depende las cuentas presupuestarias del país o una revolución educativa, donde tienes actores reaccionarios y clientelares como “La Maestra”, es una empresa escabrosa que prueba la fuerza y el compromiso en un PRI que no admiten miramientos. El costo, populistamente cifrado, es muy alto y el PRI asume el riesgo. Solo la historia tendrá la última palabra.

La segunda lección. En noviembre del pasado año  la Tercera Sesión Plenaria del XVIII Congreso del Partido Comunista de China,  que tiene que ser  engorrosamente escrita en todas su letras por la importancia que ha tenido, tuvo un parto llamado “Plan 383” (tres en uno, las ocho tareas básicas y tres proyectos de reformas) y que no es otra cosa que una “gran reforma” del mismo calibre como en 1982, año de las reformas en serio y puede ser sencillamente resumidas en las palabras del carismático Xi Jinping, el presidente del Politburó del PCCh: “el mercado tendrá un rol decisivo” en el desarrollo del “País del Centro”. Como los chinos logran reunir sus grandes políticas en frases exóticas y de “trending topic” en las ciencias políticas a nivel mundial, el adjetivo de “protagónico” a “decisivo”- del mercado-  no es solo un cambio de palabra sino de actitud frente al mercado pero sobre todo un compromiso frente a la realidad. “La práctica como único criterio de verdad”, ¿se acuerdan? Quienes pretendan sistematizar simplistamente que las reformas que contiene el “Plan383” no es otra cosa que “más capitalismo” son los mismos que creen que los problemas del mundo solo se pueden arreglar si se eligen las ideas correctas y esto no es así.

Y lo dice Wu Jinlian, el “factótum”  de todo el paquete de “reformas revolucionarias” económicas que viene desde Deng y ha transitado holgadamente las tres generaciones posteriores hasta llegar al gran Xi, que dicho sea de paso tiene a una esposa poseedora de una belleza imperial del tamaño de la princesa manchú Cixi. Wu sigue siendo el pilar básico, una especie de padre de las ciencias económicas de la China, autor solitario de lo que ahora se llama el “socialismo con características propias”  y huelga decirlo pero su amplia obra es poco conocida como divulgada en occidente. Entrevistado por el periodista español  Juan Zorrilla, Wu, haciendo gala de una interpretación auténtica de lo que llama el “marxismo democrático”, se atreve a decir que “el socialismo quiere decir igualdad y bienestar para todos y eso se puede alcanzar con medios de producción privados como públicos”. En otra parte de la entrevista Wu señala que “Marx nunca dijo de qué manera debería poseer la sociedad la totalidad de los medios de producción...” y que “...Lenin y Stalin defendieron que el socialismo se construya con empresas públicas y estatales, (…) está demostrado que son ineficientes”. Es por eso que los periodistas y medios especializados en el desarrollo del gigante asiático han señalado a Wu como el verdadero autor del ambicioso “Plan 383” y que su influencia sigue siendo tan gravitante para el progreso y el futuro del “País del Centro” como lo fue en la época de Deng “el pequeño gran timonel” (“el principio del socialismo es primero desarrollar la producción y luego enriquecer a todo el pueblo” le pertenece a Wu). Un ejemplo más del compromiso de los chinos con la realidad y con la “práctica como criterio de la verdad” es la ciudad de Shanghái, la nueva zona de libre comercio, un experimento del “dejad hacer, dejad pasar”. ¡Y todo eso lo hace el Partido Comunista de China!

En resumen. Las experiencias  en otras latitudes pueden ser aleccionadoras para un partido como el aprista en un país como el nuestro que ha cambiado vertiginosamente su geografía demográfica, con nuevos actores y nuevos  “issues”, una nueva clase media chola y  con necesidades y demandas totalmente disímiles a ese largo siglo que pasó. Hay nuevas preguntas y se requieren nuevas respuestas.  Acaso el APRA, como el PRI y el PCCh son contemporáneos  (los tres se formaron en las primeras décadas del siglo pasado) y curiosamente el Perú, como China y México están en esa cuenca de la nueva ruta comercial del siglo XXI que es el Pacífico.

Los chinos en la vorágine del despegue a inicios de los ochenta llegaron a decir que la “reforma también es revolución”.  Queda la urgente tarea de hacer las grandes reformas hacía dentro, en el seno del Partido, aplicando “la práctica como único criterio de la verdad” y que solo de la “discusión nace la luz”.
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