domingo, septiembre 13, 2015

POR EL BUEN EJEMPLO Y LA MORAL...


Por Néstor A. Scamarone M. 



La fortaleza de una sociedad moderna radica en la armonía que genera para compartir y practicar un conjunto de valores orientados por principios rectores. Los principios son conceptos fundamentales que rigen la conducta humana y los valores son la representación objetiva e instrumental de los principios.
Los principios, sin distingo de religiones, razas o culturas, son de aceptación universal. El respeto, la integridad, la honestidad, el honor, la justicia, la moral y la lealtad y sobre todo la veracidad, son reconocidos como la más poderosa fuente para desarrollar los códigos de conducta de los países y de sus integrantes y para establecer los valores que los identifican para el fortalecimiento de la sociedad.
Desde que llegaron al gobierno la pareja presidencial todo esto se ha derrumbado, los peruanos nos sentimos agobiados y frustrados, observamos con pena y disgusto que los antivalores se apoderan del gobierno y de la sociedad. Nos asombra ver cómo la mentira esconde delitos y la difamación y el sicariato político se apodera del país, nos asombra ver como el respeto por la verdad, por la vida, la gente y lo ajeno se diluye, cómo la integridad y la honestidad son pisoteadas por la manipulación, cómo el honor cede el paso al oportunismo y al aprovechamiento, cómo la justicia cede ante la defensa de intereses, cómo la lealtad es desplazada por el servilismo y la mentira. La mayoría de la sociedad peruana lo repudia, allí el cambio fundamental que reclamamos hoy día…
Queremos un Perú decente, que se presente digno y orgulloso frente al mundo, donde el progreso y la prosperidad sean el producto de la veracidad y el honor de un trabajo fecundo y honesto, inspirado en principios y valores compartidos sin exclusiones. Tenemos que comenzar por recuperar al Estado y a la familia como el núcleo fundamental para el crecimiento de la sociedad. Son los gobernantes y los padres los responsables de educar a los ciudadanos para la vida. Ya mismo y de inmediato tenemos que ingeniarnos mecanismos para cultivar en nuestros ciudadanos el valor de la verdad y la moral, debemos propiciar el ambiente para que ellos constituyan hogares sanos e integrados. La Iglesia, la escuela y el Gobierno deben generar el ambiente para ello y debemos exigir que los gobernantes y líderes, a todo nivel y en toda organización, den el ejemplo caminando en ese fundamento filosófico ineludible que se llama “conducta moral” y que casi se ha mudado del Perú, dejándonos frente al peligro de hundirnos irremediablemente en un hoyo insano y profundo.
Sinceramente el desanimo es tal, que no sabemos si llegaremos a las próximas elecciones. ¡Que lastima y vergüenza!
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