domingo, enero 17, 2016

Política para la vida diaria


Por Alan Garcia Perez
La mayoría ciudadana ya no acepta los discursos que prometen grandes o paradisíacos “modelos de sociedad”. Esa política ideológica quedó atrás. Tampoco se siente representada en los discursos de grandes cifras porque en ellas no están sus problemas ni sus angustias. Por eso, Alianza Popular ofrece propuestas que sí responden a los temas que viven diariamente los hogares.
La gran masa activa, productora y promotora, es la clase media. Desde sus niveles más elevados (altos empleados o medianos empresarios) hasta su sector emergente (microempresarios, profesionales, taxistas). Ha ganado, con su esfuerzo, mejoras económicas y sociales y teme perderlas si continúa la caída del crecimiento económico y el desorden. Pero tiene preocupaciones comunes con los sectores más humildes y los asentamientos humanos. 
En primer lugar, la clase media y el sector popular viven la angustia del asalto, del robo domiciliario y la extorsión. Exigen una seguridad efectiva, visible, rápida, y que las Fuerzas Armadas se sumen a la labor de la Policía Nacional. Tienen razón, porque uniendo ambas instituciones con el serenazgo y la seguridad privada el país cuenta con 450.000 personas dedicadas a la vigilancia y la seguridad. Son fuerzas suficientes, si se comandan con energía, para disminuir en 12 meses la inseguridad. Lo demás: armas, jornadas completas, salarios, comunicaciones, etc. son los elementos, pero el número y la fuerza ya los tenemos. 
Luego, para la clase media reciente y el sector popular, la enfermedad y las medicinas pueden evaporar en un día parte de su escaso ahorro. En la Seguridad Social y los hospitales públicos encuentran colas para la atención, interminable espera para las cirugías y el cartel de “No hay medicamentos”. Alianza Popular responde que uniendo todos los fondos hoy destinados a la salud (SIS, programas antituberculosis, HIV, etc.) podremos aligerar de inmediato las colas, aumentar las cirugías y mejorar el ingreso de los médicos y enfermeros. Porque construir un hospital demora dos o tres años, pero en semanas sí puede reducirse la espera.
Y para los medicamentos, establecer en las farmacias áreas de expendio para la receta pública aprovechando los menores precios de la compra de la Seguridad Social y del ministerio (petitorio nacional), lo que permitiría medicamentos más baratos. Ciertamente, se construirán más hospitales, como los 39 del período 2006-2011 (Incor por ejemplo), pero la falta de atención en la vida diaria mejorará de inmediato. 
Una tercera angustia para la mayoría productora es que le impiden trabajar. El Estado, buscando recursos para sus gollerías, se ha convertido en un enemigo de quien trabaja. Los pequeños productores usan la tercera parte de su tiempo en responder al Estado o en cumplir sus trámites. La Sunat ha multiplicado su burocracia para intervenir a la pequeña empresa; los ministerios y municipios han creado más escritorios y requisitos.
Debemos aplicar la consigna de Fernando Belaunde: “Trabajar y dejar trabajar”. Y se puede hacer de inmediato. Una directiva a la Sunat para que cese su intervención persecutoria y neurótica. Un TUPA básico (Texto Único de Procedimientos Administrativos) que recorte los plazos y las duplicidades. Además, aplicar mucho más el silencio positivo administrativo y ampliar el procedimiento de obras por impuestos –que acelera la ejecución de las obras– transformándolo en “servicios por impuestos” para que pueda pagar los salarios de maestros y médicos donde falten. 
Así multiplicaremos la inversión en el país. Pero se hará más si el Estado recupera su velocidad en la inversión pública y desenreda su laberinto. Porque este gobierno, por desconfiar de todos los privados, terminó desconfiando de sí mismo y no se atreve a hacer obras. ¿Cuáles? No ha hecho otro gran proyecto de agua potable y alcantarillado (solo en Lima, nuestro gobierno hizo once para un millón ochenta mil limeños). Esos proyectos dan trabajo a profesionales y obreros y disminuyen estructuralmente la pobreza. Por eso he propuesto Pives (pistas y veredas), por tres razones. La primera, que la gente que tiene televisor y horno microondas vive en calles pedregosas y polvorientas que traen enfermedad a niños que merecen más respeto y dignidad. Segunda, porque esa obra da más trabajo que otras por cantidad invertida. Y tercera, porque con la caída del precio del petróleo, la brea y el asfalto tienen precios bajos. Aprovechémoslo ahora.
De esta manera aumentaremos el bienestar en las viviendas de millones, con agua, luz, pistas y veredas. Pero además, con el título de propiedad que es tan importante como el DNI. Y eso puede hacerse velozmente, modificando la legislación y la Constitución para incorporar el derecho a la vivienda digna con servicios y propiedad. Entonces, el dinero que representa el valor de un millón de viviendas se incorporará como garantía de los préstamos. Será un instrumento de la reactivación sin peligro de déficit o desorden.
Como lo será también que una parte de los ahorros y aportes en las AFP se destine a financiar la cuota inicial o la compra de viviendas, la inversión más previsional y segura. Y con el valor de las viviendas tituladas y con el uso de los aportes AFP en la construcción se multiplicarán los empleos, los impuestos y la formalidad. La reactivación no solo es gran inversión externa. Dentro tenemos muchos recursos sin utilizar. 
Otro problema es el transporte. Las horas perdidas y la inseguridad exigen multiplicar proyectos como el tren y el Metropolitano, hacer puentes y ampliar avenidas. Por eso ofrecemos dejar terminados o en marcha tres ramales más del metro que iniciamos y concluimos. Además, dotar a los taxistas de un programa de seguro y jubilación y dar, a los transportistas, concesiones de largo plazo que aseguren su financiamiento para la renovación de la flota y el acceso a derechos que les han negado, como el pronto pago de las multas, que los privados tenemos pero ellos no.
Existen otros puntos, el de la juventud y su presente o el de la administración de justicia, que serán tema del próximo escrito. Porque la Alianza Popular habla el lenguaje del pueblo y de su vida diaria, con propuestas concretas. Antes, hicimos muchas obras y el Perú y su empleo crecieron. Son hechos y no palabras. Unidos, haremos mucho más. 
Fuente: Diario EL COMERCIO

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