domingo, octubre 25, 2020

Víctor Raúl, Trotsky, trotskismo, Hugo Blanco

Por Roy Soto: Recuerdos

"La tarde es fría en el despacho del presidente de la Asamblea Constituyente aquel lunes 11 de septiembre de 1978. Víctor Raúl le ha pedido a Luis Felipe Rodríguez Vildósola, el líder del cooperativismo peruano, que ubique a Hugo Blanco y que lo invite a venir con él. El dirigente del FOCEP acepta inmediatamente.

- Usted, Hugo, me recuerda a mi querido compañero Manuel Barreto, el Búfalo. Su ímpetu, a veces muy voluntarioso...

- La realidad del Ande subleva, señor...

- Me lo va a decir a mí. Usted Hugo ya no ha visto las espaldas rasgadas a chicotazos de los campesinos, yo todavía he alcanzado a ver eso y hasta pongos sirviendo como mesa puestos en cuatro para que el amo coma su merienda en sus espaldas, algo surrealista y doloroso. Había de eso también en Rusia...

- Conoció usted Rusia?

- Claro, llegué a fines de 1924, luego de fundar el APRA en México, estuve varios meses viviendo la experiencia de la Revolución junto a Lunacharski, Nadiezda Krupskaya viuda de Lenin y al hombre a quien usted sigue, Hugo, mi amigo León Davidovich Trotski...

- Conoció usted a Trotski?

- Si lo conocí? Es a quien más traté en Moscú. Él me facilitó un documento para visitar koljoses, tierras, sindicatos, inclusive lo acompañé tres o cuatro veces al interior. Un gran orador, sublevante, convincente. Tuvo la gentileza de ponerme un traductor del ruso al inglés.

Sabe usted que yo fui el primer latinoamericano que conversó en el Kremlin con las máximas autoridades soviéticas?

- Es cierto que lo mandó matar Stalin?

- Yo creo que sí y que por su acercamiento con los apristas desterrados en México, los moscovitas criollos de América Latina nos persiguieron. Sentí mucho su muerte porque yo mismo le había recomendado aquel lejano 1924 que si algún día le tocaba el destierro ningún país mejor que la tierra de Zapata y Pancho Villa. Y allí fue que lo asesinaron.

- A mí siempre me dijeron que usted llegó a Europa enviado por los yanquis como espía.

Haya de la Torre y Armando Villanueva, que acababa de llegar al despacho, ríen:

- Aquí Armando le va a enseñar a usted un día de estos la credencial con la que pude llegar al corazón del Kremlin y al afecto de Trotski, la única credencial expedida a un no mexicano por la Revolución Mexicana firmada por José Vasconcelos. Así llegué a la Rusia roja después de mi segunda deportación.

- Bueno se va aprendiendo en el camino...

- Por eso, Hugo, estoy conversando con todos y cada uno, usted sigue a un gran hombre, pero no se olvide de que fue Trotski quien dijo que quienes más daño le hacen a la revolución son los que hacen "bohemia revolucionaria"...

- Cuándo lo vio por última vez?

- Conoce, usted Hugo, Moscú?

- No he podido llegar, tuve que quedarme en Suecia.

- En la antigua calle Velikaya que estaban trabajando unos arqueólogos. Él era un hombre muy culto y le interesaban esos trabajos. Nos despedimos y después nos escribimos un par de veces. Fue muy amable ya en México cuando recibió en Coyoacán a León de Vivero y a Vásquez Díaz varias veces. Bueno, Hugo, ya seguiremos conversando, nos esperan muchos artículos por delante...

- Gracias, Víctor Raúl, la próxima vez regresaré con más preguntas, jaja.

- Las que desee, Hugo, no he llegado aquí por el cariño de ninguna oligarquía. (Ríen todos).

En Semblanzas de la Asamblea Constituyente. Entrevistas. 1996. C&D Editores.

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