domingo, noviembre 09, 2008

HAYA DE LA TORRE, SU VIGENCIA Y EL APRA DE HOY

Por: Wilbert Bendezú Carpio
Vicepresidente del Parlamento Andino

Recuerdo a Haya de la Torre, en primer lugar, como al maestro que siempre estaba vertiendo sus enseñanzas, en especial a los jóvenes: en la escuela de dirigentes, en el parlamento universitario, en los coloquios de los jueves y en las dominicales reuniones vitartinas. Recuerdo esto con enorme nostalgia. Sin parangón alguno, los años que compartí con él han sido los mejores de mi vida. Nunca olvidaré lo que en secreto me dijo en sus últimos días. Si algún privilegio tuve a su lado, fue que a su regreso de Houston –a morir en el Perú– fui el último lector en su lecho. Todas las tardes el buen Jorge Idiáquez, casi en silencio, me hacía pasar al dormitorio del ilustre enfermo para leerle en voz alta todos los periódicos del día. Haya solía estar sentado en un sillón, que hace poco volví a ver en Villa Mercedes y despertó en mí grandes emociones y nostalgias. Algunas tardes se quedaba dormido, tardes en las que fui juntando sus canos cabellos que caían sobre sus hombros. Cuando regresaba a la lucidez volvía a ser el hombre inquieto, preguntaba por fechas, me comentaba las noticias y los artículos de opinión. Al poco tiempo firmó la Constitución. Un día dejé de ingresar a su dormitorio… Haya estaba moribundo. Supe que nunca más lo vería con vida. Gran parte de lo que viví en Villa Mercedes lo relato en un pequeño libro, cuyo título es “Los últimos días de Haya de la Torre”. 

¿Por qué sigue vigente la ideología de Haya de la Torre? 

Los apristas no solo debemos recordar quién fue Haya de la Torre, sino ante todo rescatar la vigencia de su pensamiento y el zumo de su doctrina; la esencia de su enorme visión. 

El rumbo que trazó para la América Latina al promover su integración política y económica es lo más actual que nos dejó como herencia ideológica no solo para el aprismo sino para una región que hasta la fecha sigue intentando consolidar su confederación. En nuestro continente fue el primero en darle sustento económico a la tesis bolivariana, muy distinta del menjurje ideológico que Hugo Chávez nos quiere endilgar de contrabando. 

El mundo de hoy es un mundo de bloques y no de países pequeños ni menudos. Haya de la Torre supo influir y ser el tronco ideológico para que en muchos países latinoamericanos se formaran movimientos que impulsaron la integración continental. Muchos de ellos llegaron al gobierno. Hasta hoy el socialismo chileno de doña Michelle Bachelet entona la marsellesa con la letra del aprista Arturo Sabroso. Por ese ideal miles de apristas entregaron sus vidas. 

El futuro de nuestros países es la integración y no habrá otra forma de competir con los países desarrollados (hoy bloques) si no lo hacemos juntos. Aprovechar nuestras ventajas comparativas como región y darle valor a nuestros recursos naturales es una gran tarea que nos corresponde realizar a quienes nos oponemos a la prédica antihistórica de los que sostienen que podemos desarrollarnos fuera de los bloques. Haya de la Torre, tomando lo que dijo Antenor Orrego, llamó Pueblo Continente a nuestra Indoamérica. Hoy la llamaría “bloque”. 

Este ilustre peruano no se equivocó al señalar –en 1924– que la ruta de América Latina era la integración política y económica, que es el horizonte al que se dirige el mundo de hoy. En palabras actuales, su propuesta se traduciría en consolidar la Comunidad Andina y el Mercosur, y conformar la UNASUR, para luego construir el bloque de América Latina. 

Mucho antes que la Unión Europea fuera lo que es hoy, vale decir, un continente fuerte y sólido, con una moneda mucho más poderosa que el dólar, Víctor Raúl avizoró para nuestra región latinoamericana el camino cuyo horizonte final es su consolidación como bloque. 

El sueño de nuestra juventud (sobre todo aprista) debe pasar por entender que las ideas de Haya de la Torre siguen incólumes. Hoy es más importante para el Partido Aprista promover la integración que recibir prebendas del Partido Comunista Chino. No debemos olvidar que ya en 1927, en Bruselas, Haya de la Torre marcó distancias con el comunismo internacional. 

La vida y obra de Haya se resumen en su apotegma doctrinario de la construcción de una sociedad de pan con libertad. El pan es el trabajo, la educación, la salud y el bienestar en general. No puede desligarse el pan de la libertad, que en la China –sobre todo la libertad– hace mucha falta. 

Nunca aceptó ser parte de ninguna internacional y siempre fue solo observador de la Socialista, porque cuidó la pureza de su doctrina para no hipotecarla. Destacó que la solución de los problemas económicos y sociales existentes en el mundo pasaba por distintos caminos. Avizoró con más nitidez que Mariátegui el desarrollo de las clases sociales en América Latina y culminó diciendo que la lucha por el desarrollo en nuestras naciones no era de clases sino de pueblos. Todos los movimientos que postulaban el partido de una sola clase terminaron reconociendo que, en nuestra Indoamérica, continente, convivían varias y que con ellas había que forjar el frente único. Haya no se equivocó en el diagnóstico y hoy sus banderas están invictas. 

Murió el 2 de agosto de 1979 y nos dejó un legado que pasa no solo por preservar sus principios, sino también por rescatar, para el Perú digno, la Constitución que él firmó pocos días antes de morir.

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