sábado, octubre 12, 2019

LUIS ALBERTO SÁNCHEZ: NO NACISTE PARA SERVIR INJUSTICIAS

El 6 de Febrero de 1994 murió el Gran Luis Alberto Sánchez. Probablemente el peruano más brillante de toda la Historia. Murió humillado por Fujimori quien le retiró la pensión que por Ley le correspondía. Alan estaba exiliado en Colombia, perseguido. No pudo venir. Lo intentó. No se lo permitieron. Entonces decidió escribir la siguiente carta:


POR: ALAN GARCÍA

Querido Luis Alberto la noticia de tu muerte me sorprendió como algo inesperado y casi imposible porque había llegado a creer que eras algo eterno. Es cierto. Con una mezcla de envidia y admiración veía tu dominio del tiempo, la disciplina que le habías impuesto. Cada uno, aunque no lo sepa, tiene en su cuerpo y en su vida los instrumentos del tiempo y tú habías organizado cada instante con perfección.

-¿Dónde está Luis Alberto?-preguntaba. A las siete hablando por radio y a las ocho dictando un artículo, y a las nueve en viaje a Lima, y a las nueve y media en el Jirón Moquegua, en la Oficina. A las once en el Senado como cada mañana, y a la una, puntualmente, almorzando. Y a las tres en la cámara, y a las siete en una conferencia, y luego de nuevo a la cámara si la situación lo exigía, o en la Casa del Pueblo, en la Comisión Política a la que nunca faltó.

Y en el mundo desordenado y gitano de los otros, los que no tienen horario, los que llegan tarde a todas partes, tu dominio organizado del tiempo te dio espacio para escribir cien libros, para dictar cien mil clases.

-La cortesía permite esperar diez minutos- decías antes de retirarte si el anfitrión no te recibía a tiempo o el convocado no llegaba a la cita. Pero en contraparte a esa exigencia, llegabas el primero a todas partes. Tal vez por ello llegaste con el siglo y nos habías convencido a los demás que solo te irías con él.  Lástima que hayas decidido irte tan temprano, porque aún tenías mucho que hacer.

Sánchez literato, Sánchez crítico, Sánchez polígrafo, Sánchez historiador, Sánchez periodista, Sánchez comentarista, Sánchez parlamentario, Sánchez orador, Sánchez primer ministro, Sánchez vicepresidente, Sánchez presidente.

Sánchez severo, Sánchez paternal, Sánchez intolerante, Sánchez engreidor,  Sánchez malgeniado, Sánchez burlón, Sánchez inteligente, Sánchez memorioso.

En el pozo insondable de tu memoria estaba todo, cabía todo, te acuerdas ese día, hace tres años. Yo había memorizado de madrugada, “Saluda al sol, araña” de Darío, que es un himno a los envidiosos. Comencé a repetirla, y tú subiste al vuelo al carro del canto y lo recitaste todo. Por Dios, Luis Alberto, si la habías aprendido setenta años antes. Fue peor, recitaste diez poesías más.
En tu memoria estaba la presunción de Chocano y la Melancolía de Valdelomar, las ojeras de Vallejo y las burlas de Porras. Y en tu voz grave y barítona, la voz del tiempo.

Sánchez crítico, Sánchez despiadado, Sánchez realista, Sánchez prudente, Sánchez leal, Sánchez entregado, Sánchez aprista, Sánchez compañero.

Quién sabe si la vida hubiera sido más fácil para ti defendiendo otras ideas, o los intereses de gente más poderosa. O qué terrible que la derecha hubiera encontrado un Sánchez dentro de ella. Pero no. Que absurdo. Un Sánchez no nace para servir injusticias. Y te quedaste atado, fervorosamente atado a la causa de los pobres. Que difícil fue entonces el camino.

Y que difícil pero que profunda tu amistad con Víctor, como tú le llamabas. Porque era la amistad del buen amigo, la del crítico.

Algo más. En el fondo del más ateo debe alumbrarse una duda al pensar en ti. Porque no hay una mejor prueba de la fuerza del espíritu por sobre las limitaciones de la materia que tu propia vida. Sánchez ciego, Sánchez clarividente. Lo cierto es que éramos ciegos los demás. Y ha sido tu turno de decir como Fontenelle: es hora de que me vaya por que comienzo a ver las cosas como son.

Están de luto los libros, Sánchez, y la vela de Cervantes en la cárcel de Sevilla parpadea, por ti, por tu buen hablar. Pero estamos de luto también tus alumnos, profesor, tus compañeros. Y llevamos luto por Rosa que se queda sola. Mamá Rosa, la del destierro, la del alma buena. Se quedará renegando porque te has ido antes de lo acordado, aunque te hayas ido en la luz sublime y completa de tu inteligencia.

 ALAN
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