lunes, febrero 01, 2010

Del Castillo precandidato



Por: Mirko Lauer

Al confesarse precandidato Jorge del Castillo se lanza temprano a un ruedo poco fraterno. El desagrado de algunos compañeros ya ha salido a relucir. Uno le ha dicho que se espere a marzo. Otro ha comentado que cualquiera en el partido puede candidatear. Un tercero ha considerado el lanzamiento inoportuno.

¿Pero qué más oportuno que anunciar la precandidatura un par de meses antes de las elecciones internas de un partido? Salvo que uno confíe más en las movidas de última hora bajo la mesa que en el voto de los delegados, lanzarse temprano es precisamente la manera de participar. Con tiempo y espacio para el debate, nadie tendrá por qué sentirse madrugado.

Del Castillo ha pescado una ventana de oportunidad. Como la encuesta nacional PUCP-IOP de diciembre pasado reveló que había un potencial 18% aprista, hay lugar para un nombre aprista en los sondeos de intención de voto de aquí a marzo. Tiempo suficiente para asociar su nombre a la candidatura del Apra, dentro y fuera del partido.

La química entre el ex premier y Alan García ha conocido tiempos mejores. Pero quizás del Castillo calcula que el poder omnímodo de García en las asambleas apristas empieza a ser moderado por algunas consideraciones prácticas del mandatario saliente. La primera de ellas es una bancada suficiente para mantener el respeto al aprismo en el llano.

La versión que circula es que García preferiría apoyar a figuras más jóvenes, menos corridas, y con menos juego propio, como Javier Velásquez Quesquén o Nidia Vílchez. Pero del Castillo es una figura mucho más conocida, con reconocimiento en algunos espacios ubicados más allá del aprismo, e incluso del alanismo.

Es cierto que el roce con el escándalo de los petroaudios podría ser un hándicap. Pero a juzgar por las encuestas, la distancia o proximidad a algo escandaloso ha terminado siendo algo electoralmente neutro en el país. Ahora las cosas se definen más por manejo mediático, que no siempre es lo mismo que exposición a los medios.

Luego está la cuestión de un triunfo aprista en el 2011, al cual se suele considerar imposible. Porque las fuerzas antiapristas de ambos lados del espectro son numerosas. Porque García no lo quiere para ese año. Porque no hay una figura con algo parecido al arrastre de García en campaña. Además para el partido mismo los triunfos de 1985 y 2006 han sido costosos.

Pero no todo es la presidencia en la vida. El candidato elegido en marzo primero va a tener que hacer sostenida campaña por los aspirantes apristas a presidencias regionales y alcaldías, algo que la investidura de García le dificulta. La elección de octubre próximo va a ser una prueba tornasol del futuro aprista.

Columna El Observador
La República
22 de enero 2009
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