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miércoles, enero 25, 2012

Antenor Orrego Espinoza, maestro de generaciones libres

Preparando el 120 Aniversario del natalicio del Amauta
1892 - 22 de mayo - 2012
c. Luis Alva Castro

Antenor Orrego en su juventud, en los días de bohemia
universitaria al lado de César Vallejo y Víctor Raúl Haya de la Torre
y siendo rector de la Universidad de Trujillo en 1945.
Antenor Orrego Espinoza, escritor, periodista, pensador, luchador social y sobre todo maestro de juventudes de larga y reconocida trayectoria en la región liberteña, nació en la hacienda Montán, Chota, el 22 de mayo de 1892 y falleció en Lima el 17 de julio de 1960.
La cercana conmemoración del 120 aniversario de su nacimiento, obliga a recordar sus amplios méritos, reencontrarnos con sus ideas y transmitirlas a las nuevas generaciones.

1. Escritor, hombre de acción y comunicador de talento múltiple
Antenor Orrego fue un fecundo hombre de ideas que destacó al mismo tiempo como un imaginativo comunicador que buscaba innovar los medios y organizar iniciativas culturales que desafíen el conservadurismo. Y Trujillo fue su gran centro de operaciones.
Debemos a Antenor Orrego la organización del primer espacio libre de difusión y discusión de ideas de avanzada en el diario “La Reforma” de Trujillo, en 1914. Desde esa tribuna periodística unió a los diversos exponentes de una inquieta generación de escritores y artistas trujillanos conocida como “La Bohemia de Trujillo” ─como César Vallejo, Macedonio de la Torre, Alcides Spelucín y Víctor Raúl Haya de la Torre─ en torno a ideas y actitudes renovadoras.

Antenor Orrego y los inicios del «Grupo Norte». De pie: Luis Ferrer, Federico Esquerre Cedrón, Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Gonzalo Zumarán. Sentados: José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarry, Domingo Parra del Riego, César Vallejo, Santiago Martín y Óscar Imaña. Antenor Orrego tenía 31 años cuando asumió la dirección de «El Norte». Federico Esquerre Cedrón fue el jefe de redacción y Alcides Spelucín fue director gerente. Las oficinas de «El Norte» estaban en la esquina de las calles Progreso (hoy Francisco Pizarro) y La Libertad (hoy Mariscal Orbegoso).

Luego de ser el reorganizador y gran animador de los diarios “La Reforma” (1914) y “La Libertad” (1916) y la revista “La Semana” (1918), fundó y dirigió “El Norte” en 1923 (que logró publicarse hasta 1932) y sentó un precedente en términos de modernidad y coherencia informativa sin mengua de su identidad vanguardista y radical.
Sin abandonar Trujillo, la pluma de Antenor Orrego fue muy requerida en revistas limeñas de gran circulación como “Mundial” y “Variedades” y en la legendaria “Amauta” de José Carlos Mariátegui, donde muchas veces sus artículos ocuparon un lugar destacado.
Sólo estuvo fuera de Trujillo cuando tuvo a su cargo las ediciones clandestinas de los voceros apristas “La Tribuna” y “La Antorcha”, entre 1932 y 1934, y cuando el infortunio político lo condujo a prisión. Fue también desde Trujillo que remitía su columna “Efigie del tiempo” al diario “La Tribuna” desde 1957, hasta que el debilitamiento de su salud lo obligó a permanecer en Lima.

Artículo de Antenor Orrego en el primer número de la revista «Amauta»,
dirigida por José Carlos Mariátegui, de setiembre de 1926.
El dibujo de Orrego es de Julio Esquerre Montoya,
“Esquerriloff”, integrante del “Grupo Norte”
El Amauta Orrego destacó como líder de opinión, como director de diarios y también como gestor de empresas periodísticas. Lo fue no solamente en los comienzos de los años 20 y 30 con “El Norte”, sino también mucho después, en la época de 1956 a 1960, con “La Tribuna” e “Impacto”. 
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2. Orientador y promotor de la juventud talentosa
Orrego destacó como un entusiasta defensor de los nuevos talentos y las nuevas tendencias estilísticas, con tan buena fortuna que a él debemos que el “Grupo Norte” diera a la cultura peruana un poeta inmortal, César Vallejo, en 1915, y un narrador sin parangón, Ciro Alegría, en 1930. Debemos a Orrego que el Perú y el mundo conozcan en todo su valor la poesía inmortal de César Vallejo.

Trujillo, campaña electoral aprista de 1931. Junto a Víctor Raúl están Luis Heysen y Zoila Victoria Haya de la Torre. En el lado derecho de la imagen están Alcides Spelucín (con lentes), Agustín Haya de la Torre (detrás) y al lado, Antenor Orrego.
Sus enseñanzas y su ejemplo dejaron huella en varias generaciones. Un ejemplo cabal es el Grupo “Trilce”, formado hacia 1956, con el escritor Teodoro Rivero-Ayllón, el historiador Héctor Alva Centurión, el arqueólogo Cristóbal Campana y el literato Eduardo González Viaña.
Quienes conocieron a Orrego lo recuerdan como un cabal ejemplo de integridad, de indiferencia ante la sensualidad del poder y de permanente preocupación por los más necesitados. La temprana celebridad literaria y los altos cargos públicos nunca lo afectaron. Fue constituyente en 1931, senador en 1945-1948 y rector de la Universidad Nacional de Trujillo entre 1945 y 1948.
Su más importante magisterio moral lo realizó siendo militante del Partido Aprista y sufriendo prisión por abrazar dichas ideas entre 1932-1933, 1939-1945 y 1949-1956. Inculcó a sus compañeros de prisión optimismo, fe en los ideales y templanza ante la adversidad.
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3. Su legado intelectual
Como filósofo Antenor Orrego defendió un punto de vista comprometido con una praxis creadora. Por esta razón mantuvo una invariable lealtad al ideario y la práctica del aprismo, del cual fue uno de sus pioneros y también uno de sus más tempranos integrantes. El Amauta Orrego desarrolló una filosofía social original, una sociología razonada con implicancias morales y políticas, que fueron presentadas como una nueva perspectiva de reflexión sobre nuestra responsabilidad colectiva como indoamericanos y sobre la ética que nos es inherente como individuos partícipes de dicha realidad.

Prólogo de Antenor Orrego a la primera edición del poemario “Trilce” de César Vallejo, libro que fue recibido con indiferencia y hasta hostilidad por los académicos de entonces.

Su obra escrita muestra una notable coherencia. Tiene como eje la búsqueda de un yo, tanto individual como social, que nos identifique como auténticos exponentes del alma de América Latina. Destacan entre sus libros Notas marginales (1922) y El monólogo eterno (1929), textos basados en sentencias breves denominadas aforísticas. Luego tenemos su obra clásica Pueblo-continente: ensayos para una interpretación de la América Latina (Santiago de Chile, 1939) y su gran legado lo tenemos en el libro póstumo Hacia un humanismo americano (1966). Uno de sus grandes aportes intelectuales es la defensa de la pluriculturalidad y el mestizaje como la base de una cultura superior.
Así leemos en su libro Pueblo-continente: “Como en las leyes cósmicas, en la historia, también, de la inadaptabilidad y de la vejez se marcha al caos o a la nebulosa, y de ésta a un nuevo nacimiento y a una nueva infancia. El nuestro ocupa el piso más alto de la espiral evolutiva de los pueblos. Somos los sucesores de todas las culturas precedentes y los herederos directos de la cultura europea, cuyo tercer estadio dimensional estamos destinados a desarrollar en su plenitud”. La vida del Amauta Antenor Orrego es una lección de coherencia entre ideas y acción, junto con una indeclinable vocación de lucha por la justicia y la verdad. Que el 120 aniversario de su nacimiento sirva para que las nuevas generaciones se reencuentren con este maestro inmortal.
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