jueves, febrero 09, 2012

La larga perspectiva de Alan

Por: José Antonio García Belaunde *

Alan García viene de publicar “Contra el temor económico: Creer en el Perú”. Un libro que se lee fácil, pues ha sabido trasladar a esas páginas el recitativo de su espléndida oratoria. Pero no es ello lo que llama nuestra atención, sino su optimismo, precisamente cuando no pareciera haber oídos para ello, sea porque la crisis abruma en su gravedad y lo insólito de sus actores o por las nuevas dimensiones que adquiere cada día.

Para este ejercicio de nadar contra la corriente, nada mejor que mirar en la historia (allí adonde se debe volver los ojos en tiempos revueltos) y buscar en ese libro fundamental de Fernand Braudel sobre el “Mediterráneo en la era Felipe II”, el concepto de larga duración para entender la historia y sus movimientos y evitar que el acontecimiento explosivo, la “novedad sonora”, que decían los renacentistas, obnubile nuestra mirada y nos precipite en el terreno de las profecías autocumplidas. Del aporte de Braudel, para distinguir los tiempos de la historia, se vale García para componer este canto de esperanza.

Sustenta su optimismo en una suerte de cotejo de las categorías de Braudel con la realidad: crisis actual igual a ciclo corto y el largo ciclo igual a la producción y renovación tecnológica. Insiste en que hay dinero, hay investigación e innovación y, además, capacidad de articular conocimientos y respuestas a nuevos problemas y desafíos, desde múltiples centros de pensamiento e investigación en todas partes del mundo. De alguna manera ese nuevo capital es lo que mejor expone la globalización y asegura su futuro.

Hay que reconocer que este discurso optimista cae en medio de la noche donde se encuentran países agobiados por la dimensión de sus crisis económicas, que intuyen que el estado de bienestar que han gozado tantos años y que fue modélico, no será ya el mismo. Quizás porque ese estado de bienestar estaba fundado en una estructura de ingresos mundiales muy desiguales que la globalización se ha encargado de reducir significativamente. Las economías emergentes han llegado para quedarse, compitiendo con economías que requieren, con urgencia, nuevos paradigmas de producción.

Hace bien García en dedicar la última parte de su libro a América Latina y a su exitosa experiencia de gobierno que acaba de concluir. No solo porque las primeras crisis del siglo XXI han encontrado al Perú y a la región en sólida situación, sino porque el Perú es un caso de extraordinario desempeño económico y de inclusión social en los últimos años. Richard Webb nos lo recordaba en este Diario no hace muchos días.

Hace bien, igualmente, García en apostar por la iniciativa que lanzó al final de su mandato: la Alianza del Pacífico. Ella aporta una novedad conceptual, hacer integración económica no solo con el criterio de vecindad, como solía hacerse en el pasado y que ha demostrado ser insuficiente, sino a partir de afinidades en la percepción del desarrollo, de la inserción internacional y de compatibilidades en las políticas económicas. Una forma de integración que no descarta otras y que para el Perú significa enriquecer su política integradora al tener opciones varias en función de sus socios.

Celebro que Alan García siga haciendo política y de la mejor: reflexionando sobre el destino del Perú y sobre los problemas del mundo.

[*] Ex canciller de la República
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