domingo, abril 15, 2012

Carta de Alan Garcia del 14 de abril del 2012

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Compañeras y compañeros, hermanos:

Como ex Presidente guardo silencio para contribuir al trabajo de quienes nos gobiernan, pero añoro con nostalgia el llamado del Partido. Hace cincuenta años exactamente, llegué solo al local de Barranco y me inscribí en el Aprismo. El calor electoral de entonces me enseñó para siempre la pasión por la justicia social y el deseo de servir al pueblo y al Perú. Después me dio la ocasión de conocer a Haya de la Torre, una inmensa personalidad de la que tanto aprendimos y a la que tanto amamos.

Y tras su muerte, tuve el honor de conducir el Partido al poder por primera vez, 55 años después de su nacimiento. Fue un momento difícil por la situación mundial, la subversión y la condición económica del país, y actuamos con apasionamiento ideológico y con ánimo de confrontación. Luego, con razón o sin ella, nuestro Partido fue escarnecido y maltratado por un gobierno dictatorial. Por eso, puse otra vez todo mi empeño y mi pasión para reivindicar al Aprismo de ese maltrato. Y el pueblo, generoso, nos dio una segunda oportunidad en la que hemos actuado con realismo, prudencia y fieles a nuestros principios, a favor de los más humildes y por el crecimiento de nuestra patria. Todos los días recuerdo la noche de la Plaza San Martin en que mis compañeros me recibieron con amor y esperanza. Y con ese recuerdo jamás los dejare.

Cuando veo confirmado, por las cifras del actual régimen, que en los últimos siete años disminuyó la pobreza desde el 58% de toda la población hasta el 30%; que se ha reducido sustantivamente la mortalidad infantil, la desnutrición y que el trabajo creció en 2 millones quinientos mil empleos, siento satisfacción por la obra concreta para millones de peruanos humildes, en 15,000 pueblos electrificados, agua potable, construcción educativa, Hospitales; 10,000 kilómetros de carreteras y otras que para ellos se hizo hasta por 86 mil millones de soles. Es obra perdurable, es la verdadera inclusión, la que ayuda a la producción popular y el consumo. Y me repito, como Víctor Raúl decía: “Aprista, ten orgullo de tu gran Partido”.

Pero sé que eso no es suficiente porque el Perú puede mucho más, que el Partido del Pueblo debe continuar contribuyendo a su grandeza y me pregunto: ¿Cómo podemos servir mejor al pueblo? Pero también, ¿Qué hemos dejado de hacer para que, luego de un buen gobierno, nuestro Partido no se haya fortalecido más? Y digo, es grande la responsabilidad de reconstruir y fortalecer el movimiento social que en el siglo XX dio más vidas, prisiones y trabajo por la democracia.

El Perú percibe que en el Partido hay muchos conflictos internos. Entonces debemos hacerlo más transparente ante los ciudadanos, desterrando los apetitos y conflictos que tanto daño le han hecho y demostrando que es un instrumento del pueblo y no un peldaño para los que ocupamos algún lugar dentro de él.

El Perú cree que algunos usaron los cargos del gobierno para su beneficio o proyecto y exige moralidad y eficiencia. Hoy, las ideas que hace ochenta años parecían exclusivamente apristas se han difundido y gracias a Dios están en casi todas las conciencias y programas: la justicia social, la afirmación nacional, la descentralización, la integración del continente. Todo eso ya no pertenece al Partido pero nuestro papel hoy es tratar de ser los mejores ejecutores de esos ideales junto a otros ciudadanos. Pero para ello el país nos exige intransigencia ante el aprovechamiento y la falta de preparación. Porque basta que uno o unos pocos pequen para que todo el conjunto sea descalificado, si no deslindamos y depuramos con energía y escarmiento.

El Perú percibe que somos siempre los mismos, que estamos cerrados a los demás. Entonces el mejor camino es volver a convocar al pueblo peruano, como lo hicieron los fundadores. En 1930 todos ellos eran nuevos en el Partido y no existían cliques o grupos cerrados que se creyeran propietarios de la estructura por el escaso mérito de haber estado unos años más. Ahora, sólo se alcanzará la vitalidad de la técnica, el profesionalismo y la fiscalización de las acciones con la presencia de cientos de miles de profesionales, emprendedores, líderes populares y de la clase media que desean y deben participar en la conducción y las decisiones del Partido y no ser solamente unos invitados silenciosos a los que se califique como “nuevos” o “ajenos”. Si no hacemos esa gran convocatoria llamando a los mejores en todas las regiones, podrá seguir la estructura de siempre, pero será un grupo pequeño y aislado del nuevo país condenado a ser una minoría.

Seamos justos. Casi ninguno de nosotros ha sufrido persecución o cárcel como los viejos fundadores que hubieran tenido por eso el derecho de sentirse dueños del partido, pero no lo hicieron.

Un partido que no convoca e integra o que se cierra en cada lugar alrededor de diez o veinte personas a veces en conflicto, no tiene futuro en el nuevo Perú de la juventud y el empresariado popular, no atrae a los ciudadanos que comienzan a verlo como un instrumento de apetitos. Un partido que tiene temor de incorporar claramente la modernidad del mundo en su programa se condena al pasado. Estará así lejos de la historia y distante del poder de hacer obra por el país.

La convocatoria, la integración de mucho más peruanos y la renovación integral de la conducción es una tarea urgente, difícil pero imprescindible.

Cincuenta años después de haber llegado a mi base de Barranco, seré el primero en dejar el sitio a nuevos cuadros y entregaré todo cargo al Partido renovado y ampliado, porque siento que cumplí llevando el aprismo al poder y luego a desmentir lo que se dijo de él, a demostrar –con resultados- que es muy capaz, trabajando con todos los peruanos. Me bastará ver un Aprismo sólido, organizado, ilusionado y juvenil. Y esa será mi labor.

Vamos a hacerlo. Donde estén, jóvenes o mayores, militantes o no, tomen la iniciativa de la renovación, la convocatoria y el estudio técnico. Y todos los peruanos que crean en la justicia y la democracia y quieran participar, apristas o no, lleguen, abran las puertas, traigan sus ideas, sus compromisos, sus proyectos y ayúdennos porque nuestra patria necesita de grandes partidos, como el Partido del Pueblo, para fortalecer su camino hacia el progreso y el bienestar.

Los quiere como siempre, su compañero,

Alan García
Presidente del Partido Aprista Peruano


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