martes, mayo 06, 2014

Un 7 de mayo de 1924 se fundó el APRA… LA FUERZA VITAL DE UN IDEAL

Por Germán Luna 
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“Nadie devolverá al país el tiempo y las todas las  oportunidades perdidas. No importa lo que vivamos, existimos y  tenemos derecho a nuestra propia  historia. El recuerdo de nuestros muertos son aliciente de nuestra lucha, pero el destino de nuestros hijos, nuestra fuerza”
"El Frontón" 1939.

El Perú vivía entre la opulencia de una cruel oligarquía política, el gobierno de los dueños de las tierras, el mercantilismo de operadores de grandes negocios de exportación, la especulación abusiva del comercio local y, esa otra realidad de miseria en la que subsistían quienes cumplían inacabables jornadas laborales en condiciones infrahumanas en el campo y la ciudad, una terrible discriminación y el alejamiento de la educación en medio de una falsa prosperidad producida sobre turbulentos ríos de explotación, sangre, muerte y, esa servidumbre racial y cultural que sometía la dignidad de la vida de los indios, chinos, negros, criollos y pobres, a la lógica y el  capricho de las familias adineradas y vinculadas al poder.
Era la representación de un mundo de horror en el que los hombres parecían seres sin alma, insensibles al dolor y al sufrimiento del prójimo y en el que hubo quien usó la religión, como un salvoconducto grosero que licenciaba la crueldad y el pecado, a cambio de bienes y dinero que producían vergonzosas  absoluciones  en tiempos felizmente  superados.
En medio de esa realidad, insurgió toda una generación de hombres libres y de buena costumbres que reivindicaron el valor de la vida para impulsar desde todos los campos del quehacer social, cambios radicales y profundos en la política y la economía, luchando a puro pulso, y bajo la noble inspiración del del pueblo a través de la historia, del anarco-sindicalismo y los ideales progresistas de la época, para la construcción de un nuevo hombre, un nuevo registro de la historia de la Nación y la tan ansiada Justicia Social, término que se convirtió en bandera de las juventudes  desde los primeros años del siglo XX.
Por eso los estudiantes forjaron una alianza con los trabajadores y juntos, se escribieron las páginas más bellas y gloriosas de nuestra historia. La conquista de las Ocho Horas de Trabajo, la protesta por el uso de la Iglesia con fines políticos, y el reclamo por la libertad de conciencia y credo sembraron una nueva conciencia crítica que educó a los trabajadores en la “Universidad Popular” que impulsaron los universitarios para organizarlos primero, sobre plataformas unitarias y gremiales, y luego, para  convertirlos en agentes del cambio anhelado, en instrumentos de activa y decisiva participación política que determinó la incorporación de las masas, en la vida social y política de la patria desde entonces.
Aquí es donde se nota más nítidamente el rol de Víctor Raúl Haya de la Torre y su liderazgo. Hacia la segunda década del siglo pasado, él recoge toda la experiencia de la lucha de los trabajadores por su organización, genera una nueva conciencia entre el pueblo  e integra a diversos sectores sociales a la política, convirtiendo este hecho en trascendental para el futuro de la patria y generando el temor y rechazo de la clase gobernante que lo señalaría desde entonces, como “un peligroso enemigo del orden”.
1399217095946-images.jpgHaya de la Torre, entonces joven dirigente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) mostró un temple singular y se enfrentó política y socialmente, asumiendo “una nueva manera de ver los problemas de Indoamérica y además, proponiendo un modo distinto de acometer su solución”. Nada sería igual desde entonces, el Perú, sometido a intereses foráneos mostraba una patética “horizontalidad” culpable del atraso y el obscurantismo en el registro de su historia oficial. Los pobres y los excluidos “no existían”, y toda la producción de aquella mano de obra, era una anotación “estadística”que abultaban las cuentas de los poderosos y las “prósperas” cifras de los entes recaudadores del gobierno de turno.
Pero mientras esto sucedía, un sentimiento recorría las entrañas de la Nación. La búsqueda de justicia y libertades se convertían en motivación y fuerza para la abolición de la explotación y esa misma voluntad colectiva, terminaría afirmando los más nobles sentimientos de reivindicación, logrando conquistas importantes, derechos sociales, económicos y políticos para los ciudadanos que se organizaron en gremios y sindicatos, luego en centrales sindicales y diversas organizaciones populares,  convirtiendo las exigencias originales de Víctor Raúl Haya de la Torre, en una plataforma política de una organización llamada a convertirse en la  vanguardia del pueblo, que lucharía por conquistar la justicia social y cambiar la historia de la región sur continental.
Luego vendrían las nuevas e innovadoras formas políticas de organización, así como el proceso de dignificación de una ciudadanía negada por años, la aparición de los núcleos de expresión campesina, el esfuerzo colectivo obrero, el impulso de la organización de los empresarios y la agremiación de profesionales, todos animados por las nuevas expectativas y nuevas ideas cuyo eje central no serian las pequeñas reivindicaciones económicas locales, sino inconmovibles propuestas para la defensa de las libertades y el respeto por el derecho de la gente.
Por todo ello, Haya de la Torre sería encerrado en prisión, produjo la primera y real huelga de hambre de un preso de conciencia y finalmente sería expulsado del país sin rumbo conocido en octubre del año 1923, fecha que marcó el destino del hombre, pero también, el de su pueblo.
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Tras recorrer parte del mundo y difundir sus ideales nacionalistas, el 7 de mayo de 1924, en el Colegio San Ildefonso, en México, en medio de una sencilla ceremonia y rindiéndole tributo al victorioso pueblo mexicano que se enfrentó triunfante al imperio, fundaría en la tierra de Zapata y Francisco (Pancho) Villa, una organización internacional de los Trabajadores Manuales e Intelectuales, un movimiento continental a la que llamarían Alianza Popular Revolucionaria Americana (A.P.R.A)
Esta nueva organización popular, no sólo cambiaría el curso de la historia en el Perú, tal y como hemos anotado, sino que aportaría“una nueva filosofía de la historia” a esta parte del mundo y, aun cuando por las razones de la lucha política, la fundación de la Sección Peruana demoraría hasta el año 1930, su protagonismo en la lucha política durante todo ese tiempo es innegable, sentando las bases de una organización popular que incorporó en el llamadoFrente Único, a campesinos, obreros, estudiantes, amas de casa, profesionales y capitalistas emergentes locales que desde entonces, dejaron sentir su presencia política y gremial, adhiriéndose a las banderas del pensamiento hayadelatorreano.
Impedidos de participar legalmente, desconocidos sus triunfos y perseguidos implacablemente, los apristas supieron forjar una historia de subsistencia y confrontaciones permanentes que, a pesar de su estado de aislamiento político-legal, impuso la repuesta popular como un mecanismo que frenó los ímpetus conservadores y logró arrancarle conquistas sociales tangibles, en medio de una intensa actividad revolucionaria que sumó miles de muertos a la historia gloriosa del movimiento popular.
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Mural_del_pintor_mexicano_Balmori.jpgPero no sólo fueron reacciones violentas, también hubo aporte como el desarrollo de una nueva conciencia ecológica que se adelantó a su tiempo desde la “Fiesta de la Planta” tan difundida entre los trabajadores, o esa invalorable y pionera propuesta de descentralizar el país para lograr un desarrollo armónico entre las regiones, reevaluando el manejo económico de la nación y logrando la redistribución de los ingreso de manera justa y más equitativa a la que aspiramos a través de un Estado que deje de representar a una clase que abusa de otra, para convertirse en justo árbitro de las complejas relaciones entre el capital y el trabajo, haciéndose cargo de las grandes políticas y servicios sociales que requieren los ciudadanos.
Por eso es que hay uniformidad de criterio en torno a que uno de los grandes aportes del aprismo al desarrollo y la evolución del pensamiento y la praxis política indoamericana, ha sido y es su posición irreductible en la defensa de los valores de la libertad y su decidida apuesta por la construcción de un partido, que fue Frente y que es hoy un instrumento de los grandes sectores emergentes para la construcción de una sociedad que integre, permita y aliente la participación popular, que dé las mismas oportunidades a todos los ciudadanos y que responda a esa noción de Estado Social y Constitucional que construye esa democracia a la que aspiramos.
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Ya en 1978, tras sucesivos fraudes y vetos, Víctor Raúl Haya de la Torre, a los 83 años de edad, obtuvo un nuevo y esta vez inevitable reconocimiento. Fue elegido Presidente de la Asamblea Constituyente que permitiría la recuperación de las libertades y la reconstrucción del sistema  democrático vulnerado por una larga dictadura militar desde el año 1968. El 28 de julio de aquel año, en emotiva ceremonia, este genial político y vital estadista, fue ungido como líder de la cámara de representantes que ratificó el valor de toda una vida dedicada a los más pobres y consagró el pase a la historia de este peruano que nació el siglo XIX, vivió y luchó intensamente el siglo XX, y cuyas ideas se mantienen plenamente vigentes en el siglo XXI.
Haya de la Torre murió el 2 de agosto de 1979 luego de firmar la Constitución Política del país y sólo un año después, el Perú recuperó su democracia. Cinco años después, como un tributo a su memoria, Alan García fue elegido como el primer presidente aprista de la historia, volviendo a la Presidencia de la República el año 2006, tiempo en el que todos coinciden, desarrolló un muy buen gobierno que atendió las necesidades de los más necesitados, redujo sustancial y enormemente la pobreza, hubo mucha obra pública, se incentivó y garantizó la inversión privada, se superaron los embates de la crisis del capitalismo internacional que remeció la economía de muchos países -registrando en promedio-, estándares de crecimiento de nuestra economía similares a China, sin desconocer naturalmente las diferencias con este gigante mundial.
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Por eso sostenemos que, sometidos a la autocrítica, el balance de la historia de los gobiernos apristas - más allá de los errores por entusiasmos-, tiene un saldo positivo que se traduce en la enorme y significativa identificación popular del APRA y el pueblo. Así,  el viejo partido de alma noble, confronta en estos tiempos la modernidad y  la revolución del conocimiento y la tecnología para, exhibir una vitalidad que le permite mantener su plataforma de lucha contra una economía que sigue siendo aún discriminatoria y abusiva, y que se expresa en modelos locales de explotación del trabajador que sigue asumiendo la mayor parte de los costos de los errores, latrocinios y las crisis del sistema, por lo que la plena vigencia de la tesis central del APRA se mantiene, así como la posibilidad de cumplir su tarea histórica.
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En diversos países, el movimiento hayadelatorreano como hemos dicho, sembró desde inicio del siglo pasado, iniciativas importantes como la Célula Aprista de París, la Sección del APRA en México, Cuba, Costa Rica, Santo Domingo, Haití, Puerto Rico, Las Antillas, Bolivia, Chile y Argentina que con el tiempo, si bien tomaron un rumbo local propio, se mantuvieron unidos en el pensamiento y la obra de toda una generación que integraron, entre otros, el colombiano Germán Arciniegas, Jesús Silva Herzog en México, Gabriel del Mazo en Argentina, Enrique la Osa en Cuba, José María Figueres y Luis Alberto Monge en Costa Rica, Oscar Schnake en Chile, Juan José Arévalo en Guatemala y Rómulo Betancourt, entre tantos otros que han forjado la Izquierda Democrática Indoamericana y cuya experiencia enriquece la historia del Socialismo Democrático mundial del cual, Haya de la Torre es un referente de primer orden.
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90 años no es poco tiempo, y no lo es en el recuerdo de los cientos y miles de hombres y mujeres libres que a través de nuestra historia, lo dieron todo por un mejor país. Honor y gloria a los perseguidos, a los exiliados y a los caídos en esa lucha cruenta de amor por el Perú. Tributo a los que no están más con nosotros, a nuestros padres, abuelos y familiares que partieron envueltos en bandera aprista y convencidos que la tarea seria cumplida más allá de las ilusiones y la coyuntura, cualquiera que esta sea.
A todas las familias que vieron truncados sus sueños y esperanzas en manos de dictaduras y miserables que arrancaron de la dignidad sus hogares, sin rumbo conocido, a los que nunca más volvieron y sobre los que ninguna Comisión, ni Verdad humana, a dicha absolutamente nada.
A todos los compañeros quienes tras toda una vida, mantienen en alto y -a veces en la soledad de sus propias angustias y alguna injustificada incomprensión-, el mismo espíritu de aquella juventud rebelde que en 1924 cuando se fundó el APRA, sentenció visionariamente con Haya de la Torre que su bandera: “Flameará primero sobre las soñadoras muchedumbres de las juventudes que van abriendo el camino, y más tarde serán los pueblos comprendedores de los ideales bellos y justos, los que la agiten en el tumulto estremecido de sus luchas”. Y así sería.
Gráficos: Ciro Muñoz, Archivo Familia Cox Cassinelli, La tribuna, GLS. 
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