lunes, diciembre 08, 2014

El APRA nunca muere. Una respuesta a Steve Levitsky

Por 
Daniel Parodi



En una nota titulada ¿Se muere el APRA?, el politólogo Steve Levitsky casi vaticina la desaparición del PAP, como la han vaticinado tantos otros en diferentes coyunturas del pasado. Por ejemplo, tras el golpe de Odría en 1948, o en 1980, luego de la división del partido entre los bandos de Armando Villanueva del Campo y Andrés Townsend Ezcurra.
Tras reconocer que el movimiento fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre podría alcanzar, con Alan García a la cabeza, la segunda vuelta electoral en 2016 (lo que contradice la mayor parte de su argumento), el politólogo norteamericano sustenta su tesis en el deterioro electoral del APRA, el que constata al comparar los resultados regionales de 2002 con los de 2014. En efecto, estos demuestran que la antigua Alianza Popular ha perdido presencia al nivel de los gobiernos locales.
Alan García y el APRA en tiempos de la antipolítica
Para Levitsky, una de las razones de la crisis del aprismo es la extrema personalización del poder al interior de la institución, la que se habría convertido en un instrumento de su líder Alan García Pérez. Según el politólogo, el APRA sin García se reduce a nada, a menos del 4% del electorado y casi sostiene su pronta desaparición debido a que no ve, ni encuentra, generaciones de recambio.
Al respecto, es constatable que el APRA siempre ha sido un partido caudillista, de allí la tesis de Hugo Neira que nos habla de una agrupación que contiene, al mismo tiempo, dos esencias aparentemente contradictorias: una monárquica y la otra republicana. La primera se explica en una larga tradición nacional hasta hoy no superada y en la mitificación del líder-fundador en tiempos de persecusiones y clandestinidad. La segunda, en el rol republicano del aprismo en el siglo XX que ha llevado a Sinesio López a proponer que este encabezó una gran oleada democratizadora entre 1930 y 1956.
Un tema menos trabajado por Levistsky en su nota es el contexto de la crisis de los partidos políticos en los años noventa y el de la subsecuente antipolítica. En los noventas, entre muchos otros fenómenos sociales canalizados por el fujimorismo, el Perú asiste a la aparición de un nuevo electorado mucho más dado al asistencialismo por sus propias circunstancias materiales que a las lealtades partidarias.
Es en esta década que Alberto Fujimori configura una clientela política que hasta hoy le es fiel a sus descendientes, lo que explica que sea el partido de dimensión nacional con mayor presencia electoral provinciana. Al contrario, el APRA retrocede a sus reductos mientras se fortalece la figura de Alan García Pérez en un contexto socio-político mucho más proclive a los caudillismos personalistas que a las instituciones. En todo caso, los militantes de la avenida Alfonso Ugarte lograron adecuarse exitosamente a la nueva circunstancia, alcanzaron el poder en 2006 y son favoritos para vencer el 2016.
Por otro lado, la sola postulación de Enrique Cornejo a la alcaldía de Lima matiza en mucho la tesis de la “alanización” del APRA que desarrolla Levitsky. La candidatura del destacado tecnócrata fue impulsada desde los comités y bases distritales de Lima, lo que expresa la existencia de un espacio para la negociación y el diálogo al interior del partido, o entre este y su Presidente. Un ejemplo de ello es el colectivo aprista RENOVAR que desempeñó un importe rol oponiéndose a la reelección conyugal y que ahora promueve la realización de elecciones internas y un congreso nacional con miras a fortalecer su institución.
El APRA joven
Un aspecto en el que el politólogo norteamericano manifiesta un absoluto desconocimiento de las interioridades de la vieja alianza indoamericana es cuando señala que en esta no hay recambio generacional. Me extraña sobremanera pues la afirmación proviene de un hombre de universidad y de las redes sociales.
Al contrario, son miles (no me animo a señalar que decenas de miles) los jóvenes universitarios apristas integrados a través de la internet y son ellos los que están adecuando espontánea e inexorablemente su partido a las formas de participación política del siglo XXI. Al respecto, la estupenda campaña de apoyo a Enrique Cornejo realizada por estos estudiantes y jóvenes profesionales en las redes sociales es la primera manifestación exitosa de esta realidad.
Sobre este particular, basta acceder a la página Soy Aprista, que cuenta con casi ocho mil miembros, o a los portales Punto de Encuentro y La Pipa los que, liderados por jóvenes militantes, son espacios plurales que promueven el debate entre analistas y especialistas de diversas tendencias y áreas de conocimiento. Por eso, al contrario de lo que piensa Steve, yo tengo la sensación de que uno de los poquísimos lugares en los que se está formando y renovando la clase política peruana es en el APRA, talvez un poco en el PPC y paro de contar.
El reposicionamiento del APRA
La segunda razón que esgrime Steve Levistsky para sustentar la agonía del APRA es la destrucción de su marca, la cual adjudica también al supuesto conservadurismo de su líder Alan García Pérez. Señala el politólogo que hoy el PAP no representa nada y advierte que si “caballo loco” volviese a Palacio lo haría con un APRA moribunda. No voy a detenerme a analizar la pertinencia o no de que los investigadores denosten con epítetos su objeto de estudio pero sí creo que el APRA, lejos de convertirse en nada, se está reposicionarse en un contexto complejo y cambiante.
Al respecto, un elemento que no observa Steve es la capacidad de adaptación del APRA a las diferentes coyunturas políticas y circunstancias históricas, característica que motivó la acusación de traición ideológica tesis que, felizmente, ha sido revisada hace ya décadas desde posiciones no apristas por académicos de la talla de Hugo Neira, Sinesio López y Martín Tanaka. Este último antepone a dicha tesis la del aprendizaje democrático.
Al respecto, tanto la praxis política del Partido de la Estrella como la ideología aprista siempre antepusieron el cambio histórico y el análisis de la realidad sobre el dogma. De allí que, como he mencionado en otras ocasiones, Haya anticipase cuatro décadas la caída del socialismo soviético.
Lo dicho no niega una realidad palpable: hoy día hay tantas ideologías apristas como hay apristas (ya sean el 4, 8 o 10% del electorado) por lo que un congreso ideológico que ponga al día la doctrina del viejo partido se cae de maduro. Contrariamente a lo que piensan los pragmáticos, el APRA sí necesita ideología y el Perú necesita que el APRA tenga ideología porque ello coadyuvará a la reinstalación de la política en nuestra sociedad contemporánea que es más bien heredera de la antipolítica fujimorista.
A manera de conclusión
Es muy probable que al iniciar el 2015 el APRA convoque a elecciones internas y Congreso Nacional, todo parece indicar que así será. En esta lógica, a lo que asistiremos el próximo año es a una repotenciación dialéctica entre el partido y su líder, y a la posibilidad de iniciar otro gobierno exitoso el 2016. De allí en adelante, el APRA debe afrontar el pendiente histórico de llevar al Perú a la política del siglo XXI que pasa por el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y por la modernización de los canales de participación ciudadana.
En las actuales circunstancias vaticinar la muerte del APRA es condenarnos al fuego eterno de la antipolítica, por lo que esperamos que persista ese viejo y militante adagio que grita “el APRA nunca muere”
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