viernes, febrero 20, 2015

Día de la Fraternidad

Por Javier Valle Riestra

Ya estamos a menos de una semana del día aprista de la fraternidad o sea del natalicio de Víctor Raúl Haya de la Torre. Es notable comprobar cómo las masas van a festejar ciento veinte años del nacimiento del jefe del Apra.
Ningún político entre los grandes que tuvo el Perú ha logrado que se le recuerde varios lustros después de su natalicio. Inmerecidamente nadie rememoria a Piérola, el verdadero líder civil del siglo XIX, ni a Manuel Pardo, primer Presidente civil electo. No existe ningún partido que tome su nombre o los siga. Ni siquiera etiquetas en una botella vacía. Y es que Haya fue un hombre múltiple, orador, escritor, maestro, luchador revolucionario, y durante su vida –murió a los ochenta y cuatro– un constante agitador de conciencias. No vino a traer la paz sino la espada.
No la espada de los militares sino metafóricamente la del pueblo. Por eso es que su vida política empieza en el aura del veintitrés de mayo de 1923, año frentista de la sublevación estudiantil anti- Leguía. De allí le vinieron su exilio por siete años, su regreso triunfante, su burlada victoria comicial de 1931 y su constante lucha, sea dentro de la prisión –en la que estuvo un año o de las catacumbas durante doce, hasta 1945– fecha de la restauración –o mejor dicho– de la instauración democrática.
Ese año, 1945, debió ser realmente, ucrónicamente hablando, el de la presidencia de Víctor Raul Haya de la Torre. Él había sido el eje de la resistencia a las dictaduras de Benavides y Prado. Vivía armado y con un puñado de jóvenes resistió a las dictaduras. El poder, ese año 1945, terminó en manos de la derecha personificada jesuíticamente por Jose Luis Bustamante Rivero, en entredicho con Haya desde el comienzo de su mandato. Por eso, el trienio aquel fue estéril socialmente, sociológicamente.
En cambio la presidencia de Haya habría controlado al Parlamento y se habría forjado una reforma agraria antilatifundista. Como ya lo sabemos hasta el hartazgo, eso terminó con Bustamante derrocado, el Parlamento disuelto y el jefe del aprismo en las catacumbas, hasta su asilo en la embajada de Colombia. Que nos sirva de lección. Hoy debemos ganar la presidencia de la República con Alan García y el aprismo. Pero no debe ser para gobernar dejando las cosas estáticamente. Debemos vanguardizar la Constitución y bicameralizarla. Esta es una lección que tomamos del ayer.
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