domingo, febrero 22, 2015

HAYA DE LA TORRE Y EL APRA

Por German Luna Segura
120 años después
                                               
                                                Escribir sobre el maestro es una pretensión, una necesidad intelectual y acaso, la posibilidad de saldar una deuda con él…
  
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Víctor Raúl Haya de la Torre fue un importante pensador e ideólogo que con singulares ideas de modernidad, inauguró una trascendente lucha política nacionalista en el Perú del siglo XX, convirtiéndose en un estupendo organizador de inquietudes, dando vida al Frente Único y al APRA, instrumentos de una permanente y paciente labor de pedagogía moral.
Nació en Trujillo, tierras de la región de La Libertad, un 22 de febrero del año 1895. Su vida fue un ejemplo de entrega y servicio que habla de una nueva forma de ciudadanía que sentó precedentes en el registro de nuestra historia política. Su muerte, ocurrida en Lima cuando se desempeñaba como presidente de la Asamblea Constituyente el 2 de agosto de 1979,  produjo una enorme respuesta popular y un justo reconocimiento  por los vetos, despojos  y persecuciones que sufrió, pero sobre todo, como tributo a  su pobreza material, ejemplo que lo distinguió nítidamente de las conductas delictivas de quienes, detentando el poder, hicieron de la política vil negocio culpable.
En lo político, el pensamiento de Haya de la Torre mantiene plena vigencia. Propuso la integración indoamericana como eje programático regional cuando este era sólo una temática de poetas y soñadores y hoy es reconocido por el pensamiento socialista mundial como una de sus fuentes más importantes.
En sus orígenes, tuvo una variada y culta influencia marxista al que incorporó el insumo de un visionario nacionalismo con el que propuso integrar en un Frente Único, a todos los sectores explotados por el sistema capitalista para el cambio social, es decir, la instauración de un nuevo orden social y económico en defensa de los intereses de los trabajadores del campo y la ciudad, plataforma de la lucha de los trabajadores manuales e intelectuales que explica su sólido entroncamiento histórico y popular.
Si bien hay quienes creen ver en Haya de la Torre “cambios” en el proceso evolutivo de su pensamiento y actuar político, ese debate ha concluido con el estudio integral de su legado. El fundador del aprismo renegó del marxismo congelado, se adhirió a los avances de la ciencia y la tecnología, reclamando para sus propias propuestas, el uso permanente de la dialéctica y el estudio objetivo de la realidad.
Haya de la Torre es además una unidad de pensamiento y acción. No hay manera de dividir sus ideas y su actuar político, lo que explica el por qué, pese a su desaparición física, no existe una lucha de tendencias como ha sucedido con otros pensadores respecto de sus seguidores.  Desde su actuar en la lucha por las ocho horas de trabajo, la Reforma Universitaria, la pionera organización sindical y la Universidad Popular, existe una constante en la inspiración y las jornadas en las que intervino y por las que marchó a su primer exilio, aquel ya lejano 23 de octubre de 1923.
El líder del aprismo sufrió prisión por sus ideas, con viril llanto besó las tierras de la ciudadela pre-inca de Chan-Chan  que sirvió de paredón de muerte a los miles de seguidores fusilados en su lucha por la libertad en 1932 dándole ánimo permanente a los prisioneros apristas durante la cruel persecución por su propio Gólgota, recordándoles que él mismo, y su familia, sufrieron los mismos dramas que sus seguidores.
Con los años, otro aspecto controversial tuvo que ver con el hecho que Haya de la Torre, acusado primero de comunista y subversivo, fue sindicado por sus enemigos de tener posiciones autoritarias, conservadoras  y hasta de liderar una organización poco democrática. La verdad histórica habla más bien de un personaje sensible a los dramas de su pueblo y fundador de una gran organización popular que creció en medio de cruentas persecuciones y usando, naturalmente, mecanismos de sobrevivencia en la clandestinidad, pero que además, tras el asomo de claros de libertad, asumió conductas cívicas, unitarias y de desprendimiento que la historia le reconoce.
En estos tiempos invocarlo como un paradigma y aludir la trascendencia del pensamiento aprista, es el mejor homenaje a Haya de la Torre. Lograr un país del primer mundo, volver a crecer sostenidamente e implementar políticas públicas muy claras con respecto a los las necesidades del pueblo, anuncian un nuevo  triunfo de este gigante indoamericano quien, tras 120 años, recibe un tributo al político e ideólogo que confirma que nació el siglo XIX, trabajó intensamente durante todo el siglo XX por su pueblo y cuyo  pensamiento en pleno siglo XXI, constituye una realidad de la que de seguro, los más pobres, gozarán en el tercer gobierno de inspiración hayadelatorreana que con Alan García, quizás su mejor discípulo, se inaugurará el año 2016.
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