miércoles, septiembre 07, 2016

Marco teórico e histórico del Partido Aprista Peruano



Por: Renán Eduardo Núñez(*)

rnunez@inforce.pe
APRA - Estados Unidos

La derrota electoral del 10 de abril ha despertado entusiastas debates sobre el futuro del Partido Aprista. Renovación y cambio son la orden del día en los fueros de Alfonso Ugarte, pero dichos debates se refieren solo a la renovación administrativa del partido, o como bien ha dicho el compañero Enrique Valderrama, se centran en la mera “permuta de personas”. Pero el declive electoral solo encuentra explicación parcial en el fallido trabajo dirigencial. Nada se ha dicho sobre la teoría política, económica y social que sostiene al partido. La teoría es de eminente y urgente importancia al momento de construir un gobierno. Así lo reconoció Haya de la Torre, quien antes de unirse a la lucha política producto de la caída de Leguía, esbozó aproximaciones teóricas a un gobierno aprista luego de su estadía en los Estados Unidos y México. Sin teoría no hay plan, sin plan no hay bases, sin bases no hay campaña y sin campaña no habrá posibilidad de formar gobierno. El APRA, en la concepción de Haya de la Torre, es un partido de ideas, en donde el frente único de trabajadores e intelectuales -cuya creación tiene evidentemente una justificación teórica- formula soluciones concretas para un tiempo y espacio determinado. Empero el partido actual ha olvidado parcialmente su raíz académica y científica. Solo a través de las obras y el concreto no se puede pretender ganar una elección ni menos aún gobernar una patria ávida de cambios estructurales, verdaderas reformas para sacar a la República de su pobreza social.
Durante la última década, y en particular luego del segundo gobierno aprista, nuestros enemigos han centrado su fuego en recalcar esta contemporánea amnesia a nuestro pasado teorizador. Nuestro abrazo al libre comercio y a la actividad empresarial subsidiaria del Estado en la economía han sido maliciosamente calificados como traición al pueblo. El APRA, en concepción de los que quieren ver a Alfonso Ugarte ardiendo, se convirtió en sinónimo de oportunismo político y nuevo representante de una derecha claudicante. Si bien es cierto que hemos fallado en la elaboración y publicitación de un plan de gobierno con fundamento teórico, debemos decir que las libertades económicas que el APRA defiende guardan perfecta concordancia con lo que debe hacer un partido que clama ser auténtico defensor de los intereses del frente único de trabajadores e intelectuales.  Así lo demuestra la historia heroica que nos antecede. 
Como bien explica el académico estadounidense Peter Klarén, quien tuvo el privilegio y suerte de publicar sus escritos sobre los orígenes del aprismo luego de conversar con Haya de la Torre, la depresión mundial de 1928 y el flujo de nuevas ideas conectadas al socialismo y comunismo solo pueden explicar parcialmente los orígenes del APRA, pero bajo ningún motivo justifican su larga existencia en un país donde “los grupos políticos han aparecido de repente solo para desvanecerse con igual rapidez del mapa político de la nación”. Examinando los patrones de voto aprista, Klarén llegó a la conclusión de que la regionalización del voto aprista, basado en la clase trabajadora y en la base universitaria del norte del país, fue el determinante para que el partido sobreviviera sus primeros 20 años: las necesidades económicas del norte – y por tanto el sentido de su voto político- cambió poco durante los años 40. Ya en los siguientes años, sobre todo cuando el APRA emergió de la vida clandestina luego de la época de la Convivencia, Haya de La Torre pudo expandir la base del partido a nivel nacional, lo que le significó su elección a la Presidencia de la Asamblea constituyente de 1978, la respetable performance de la candidatura de Armando Villanueva en 1980 y la elección de Alan García como Presidente de la República en 1985.
Las necesidades económicas de la clase trabajadora peruana en el siglo XX estaban ligadas, en el entender de la teoría desarrollada por Haya de la Torre, a la lucha por los derechos laborales, lo que significó un choque frontal contra los capitales y grupos económicos de las grandes azucareras, particularmente Casa Grande y Cartavio. Las vacaciones remuneradas, el salario mínimo, el respeto a las ocho horas de trabajo, el seguro de salud, la compensación por tiempo de servicios y otras luchas sociales han sido pilares del plan aprista para el desarrollo de los pueblos de la República. Dado que dichas luchas alcanzaron la victoria en los fueros del parlamento, era necesario evolucionar, adaptarse a un nuevo espacio y tiempo, los cuales reclamaban la adopción del libre comercio y la promoción del flujo de capitales privados. ¿Cómo y por qué un partido que durante tanto tiempo se posicionó en el espectro de centro izquierda debía ahora abogar por el libre comercio? Porque ser de izquierda o derecha es una afirmación sin contenido teórico per se y, por tanto, se presta a la especulación y al oportunismo político que tanto han aclamado nuestros enemigos. El APRA es defensor del frente único de trabajadores e intelectuales, y es en interés de ellos que el libre comercio debe ser pilar del progreso económico del Perú.
Para Michael Hiscox, economista de la Universidad de Harvard, “las coaliciones son la manifestación de los conflictos de interés entre las personas sobre la dirección de la política económica”. Esos conflictos de interés están basados en las necesidades políticas de los diferentes factores de la producción, estos son, la tierra, el capital y el trabajo. Según el teorema Stolper-Samuelson, “en una sociedad rica en trabajo, pero pobre en capital, el proteccionismo debería beneficiar al capital y dañar al trabajo; la liberalización del comercio, en cambio, beneficia al trabajo y daña al capital”. Ello ocurre porque un país busca el libre comercio para el recurso que tiene en abundancia, y el proteccionismo para el recurso que carece. Dado que el Perú es un país comparativamente rico en mano de obra, es lógico que los trabajadores enmarquen su lucha política en defensa del libre comercio. Siendo que el APRA representa a las bases trabajadoras del Perú, es impecablemente dialéctico, a pesar de los infames ataques de quienes claman ser “socialistas” en el Perú, que sea interés primario del frente único la promoción de capitales privados en nuestra industria. Más capitales significan más empresas, más puestos de trabajo y más flujos salariales. Más capitales significan también más competencia, mejores tecnologías y por ende la necesidad de trabajadores más calificados, lo que acarrea necesariamente mayores sueldos. Por supuesto, hay quienes previendo esta respuesta de fundamento sincero y lógico están prestos a catalogar al APRA de neoliberal. Pero ahí están nuestras luchas contra el régimen laboral juvenil, contra la reducción de derechos laborales, a favor de un régimen de AFP digno y de una transición ordenada de CTS a seguro de desempleo. Ya lo había previsto Haya cuando afirmó que el pan con libertad solo es posible en alianza con los capitales privados: “no se trata de repartir la riqueza, sino de crearla ahí donde no la hay”.
              Parte de la derrota encuentra explicación en que no existió una adecuada comunicación de este fundamento teórico a las bases apristas, y de estas al pueblo. Sin articulación, no hay victoria posible si es que el aprismo no quiere caer en el típico caudillismo partidario peruano. Es por eso que debemos recordar nuestra base teórica que Haya de la Torre pensó era clave para formular un plan para el Perú. Dejemos de lado los insultos y calumnias del enemigo que ha sabido ensañarse con nuestra aparente amnesia temporal. Ser aprista, me dijeron los compañeros Orrego y Vitela, es la vocación más dura en el Perú. El APRA ha recibido toda clase de insultos, algunos han sido falsedades y otros productos de la vergüenza particular de personas que nunca estuvieron ligados a los valores de Haya. Pero lo cierto es que el aprismo ha tenido, tiene y tendrá una base lógica para su actuar que la neo izquierda o el neo liberalismo no tendrán nunca. Sus ataques continuarán. ¿Qué importa lo que hayan dicho del aprismo? ¿qué importan las falsedades que se digan, si lo que importa es la honesta y recta dignidad de nuestro pensamiento con base teórica? Lo que sí importa es la renovación partidaria, y ella debe tener base no en el mero cambio de personas, sino en la producción de una nueva base teórica con base aprista, la cual debe representar los intereses del frente único de trabajadores que Haya de la Torre soñó. 

(*) Es un joven jurista peruano que realiza sus estudios de Post Grado en  Relaciones Internacionales en New York University
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