sábado, mayo 04, 2019

Requium por ALAN GARCIA

Por Arturo Rivera

Con el tiempo, uno distingue las siluetas de las hienas que atisban a su víctima lanzando furtivas dentelladas y esperando un descuido para atacar en conjunto, pues su genética cobardía les impide enfrentar solos a su presa. Esos carroñeros usan la agazapada astucia del chisme y la suspicacia para llenar sus rentados bolsillos auspiciados por la facilidad del convencimiento ciudadano y de una desprestigiada selva judicial que avergonzaría al más sanguinario de los depredadores naturales. 

La presa cayo, no a causa de sus garras, cayo por propia decisión desconcertando a sus frustrados verdugos, quienes sorprendidos y quizá molestos, vieron a otras hienas, desconocidas todas, acudir orondas a mordisquear el hidalgo cadáver solo para mostrar en las redes sociales sus hocicos ensangrentados pretendiendo el minuto de fama que justifique sus mediocres vidas.

Menudo favor el que sin querer hicieron, pues el nombre del enemigo al que intentaron destruir, por natural derecho político, permanecerá inscrito en las páginas de nuestra historia para siempre, mientras que los insípidos nombres de los que lo atacaron, desaparecerán apenas mañana.
Unos decían que no se suicidó, que había huido a España burlándose de todos, otros criticaban su muerte calificándola como una cobarde su decisión. 

Lo cierto es que la presa se marchó, ya no hay victima a quien hostigar y eso desespera a los que con su ausencia, perderán sus argumentos, sus sueldos de sicarios y sus pretensiones políticas. Los imagino revolcándose de rabia ante el inesperado giro que Alan dio a este desconcertante episodio final. Sus verdugos han quedado con el hacha en ristre pero sin enemigo a quien ajusticiar. Sus hepáticas tintas y sus afiebradas expresiones cuyos insultos y diatribas aplaudían los suyos pero molestaban a otros, ya no tienen razón de ser. Se les termino el negocio, pero sin quererlo, abrieron las posibilidades de un partido que había olvidado las razones de su fundador. 

En solo 24 horas, el pueblo aprista reacciono ante su muerte, no para justificar sus errores, mas bien para recordar que son uno solo y que las divisiones sin orden solo les hacen daño. Sentí que las exequias de Alan García, con esa espontanea solidaridad partidaria, con esa explosión de multitud para despedirlo, no solo es un homenaje al valor de un destacado líder que prefirió su sacrificio al vejamen circense del que sería objeto. 

Los preparativos para celebrar su secuestro judicial estaban listos y muy bien financiados. Pero sin ser zambos, se quedaron con los crespos hechos. Faltan molestias por sufrir, pues en afán de justificar las bufonadas judiciales, se oirán más protestas e insultos, pero desde la paz de su sepulcro y como genial estrategia, Alan callara sus protestas con la respuesta del silencio. Sonido que solo entienden los que construyen a pesar del ruido opositor.  

En su lucha política, Alan García tuvo errores y aciertos, son de él y él se los llevo, descanse en paz osado guerrero, el pueblo aprista continuara trabajan, porque… hay hermanos, mucho por hacer.
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