martes, febrero 02, 2010

A propósito del XXIII Congreso Nacional del APRA.

Por: Edgar Valdivia Isuiza

El 22 de febrero del 2010, instaurado como Día de la Fraternidad, se cumple el 115 Aniversario del nacimiento del jefe y fundador del aprismo indoamericano, Víctor Raúl Haya de la Torre, preclaro ciudadano y político peruano del siglo XX, paradigma y símbolo de la fortaleza mística y del avatar vivencial de los creyentes en el "Pan con Libertad", celebración que hace de importante antesala al convocado XXIII Congreso Nacional del Partido del Pueblo, previsto para los días 3, 4 y 5 de marzo próximo. Evento orgánico que congrega a la representación nacional del mayor partido organizado del país y que ha concitado la atención nacional e internacional, en razón que el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) ejerce el gobierno del Perú, que ahora muestra una administración positiva en términos generales, con una performance de gobernabilidad que ha permitido contener los embates de la crisis mundial y que se perfila como un país emergente en el contexto de la competitividad global.

Un profundo proceso de renovación y relevo dirigencial en el máximo nivel de su estructura orgánica, cuya representación debe tamizar y recoger los sentimientos y convicciones del Perú profundo, marca las pautas del próximo Congreso del APRA, al cual debe adicionarse sustantivamente una necesaria prognosis reflexiva, que abra las rutas para la formulación de una agenda orgánica, programática y doctrinaria que apunte a evaluar crítica, propositiva y con gran enfoque constructivo el rol del aprismo en los próximos decenios en el contexto de los cambios sociopolíticos y tecnológicos del Perú y del mundo. La elección y renovación de las nuevas autoridades del aprismo a nivel regional, provincial, distrital y sectoral de meses próximos pasados, fue uno de los componentes revitalizadores. La descentralización y desconcentración de la estructura orgánica del APRA es uno de los temas que debe empezar a analizarse, aproximación que es compatible con el proceso que vive el país como Estado. Forjar liderazgos regionales y locales de calidad y competitivos es el marco.

El XXIII Congreso del APRA debe asumir el gran desafío histórico para establecer líneas de acción y objetivos estratégicos de envergadura, que pergeñen la modernización de su dinámica operativa, que coadyuve a insertarse en mejores y mayores términos en el tejido social peruano, acorde con las exigencias competitivas de partidos políticos de otros países en pujante desarrollo y con gran índice de desarrollo humano.

Es fundamental que paralelo a la temática electoral, que muchas veces envuelve en mayor proporción la agenda de estos eventos, se encamine un esfuerzo corporativo que deslinde las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas del partido del pueblo, que analice con propiedad las razones de la crisis de los partidos peruanos entre los cuales se marca principalmente las controversias de intermediación entre la sociedad y el Estado, que da lugar que grupos económicos, los medios de comunicación y el Poder Ejecutivo de los gobiernos logren prevalencia en la Agenda Nacional, escenario que perjudica y atenta contra la solidez de la democracia, cuya palanca básica precisamente son los partidos políticos, lo que exige una profunda catarsis orgánica para revertirla.

En este propósito el examen autocrítico que debe cumplir el APRA, debe conllevar a una idónea y contemporánea interpretación de la realidad peruana-indoamericana y mundial con miras a reposicionarlo, fortalecerlo y afirmarlo como partido con ideología, doctrina y teoría económica propia. Se hace imprescindible el inicio de una sumatoria de esfuerzos cognoscitivos para promover, impulsar y realizar un dinámico debate responsable que congregue una intensa y extensiva lluvia de ideas y aportes, que contribuyan a generar documentos de trabajo como matrices de un reto de envergadura histórica. La democracia social que impulsa el APRA, requiere ser afianzada y percibida como una de las mejores rutas para hacer redistribución social y económica en consonancia con las libertades ciudadanas. Debe ponerse en el tapete deslindes precisos sobre la Integración Latinoamericana, la Unión Europea, la Globalización, el Neoliberalismo, la Crisis de la Economía Mundial, el relanzamiento del Perú al primer mundo, entre otras temáticas de primer orden a la luz del arquetipo ideológico del aprismo para encuadrarlas en la tipología de país que aspiramos construir en los próximos 30 años y en la víspera del bicentenario de la independencia nacional.

En otro contexto, es elemental enjuiciar lo que corresponde a la dinámica del proceso de descentralización y desconcentración de la estructura política y económica del Estado Peruano, su impacto en la consolidación de la democratización, la redistribución de la riqueza y el combate a la pobreza en el Perú. Asimismo, el nivel del desarrollo tecnológico y del conocimiento, es otra de las temáticas que debe ocupar espacio en la agenda, en la mira de fortalecer al país en su apuesta para construir palancas de valor agregado que consoliden las economías regionales y locales, entre otro rubros trascendentales para la viabilidad del Perú de ahora y del futuro.

En suma, requerimos un viraje importante en nuestro enfoque de hacer política, con propósitos centrales que rompan el tinglado de lo intrascendente y accesorio en el debate interno. La construcción de sociedades democráticas con justicia social es un compromiso del APRA con su historia, no perdamos el perfil en el XXIII Congreso, hagamos viable la Construcción del Aprismo del Futuro.

Email: evaldivia87@yahoo
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