José Luis “Pepe Lucho” Delgado Núñez del Arco
Por: Rullman Flores Portugal
La reflexión de nuestro compañero José Luis “Pepe Lucho” Delgado Núñez del Arco, expresidente de la Comisión Organizadora del Centenario del APRA y discípulo de Víctor Raúl Haya de la Torre, merece una atención especial.
No es una opinión más sobre la coyuntura. Es una advertencia sobre la profunda crisis de liderazgo que atraviesa la política peruana.
Cuando Pepe Lucho sostiene que “el Perú necesita recuperar una política con principios, valores y verdadera vocación de servicio”, nos plantea una pregunta esencial: ¿qué clase de dirigentes estamos formando y eligiendo para conducir el país?
Durante el pasado conocimos políticos que, con sus virtudes y errores, poseían formación, cultura, oratoria, carácter y visión de Estado. Conocían la realidad nacional, estudiaban la historia, comprendían los problemas económicos y sociales y, además, seguían atentamente los grandes acontecimientos internacionales. Entendían que gobernar el Perú exigía mirar más allá de la coyuntura y tener una idea clara de Nación.
Hoy, lamentablemente, esa calidad se ha debilitado. La política se ha llenado de improvisación, personalismo, confrontación y oportunismo. Han proliferado partidos y movimientos pasajeros, muchas veces organizados alrededor de una candidatura y no de una doctrina, una escuela de pensamiento o un proyecto nacional.
Y cuando los partidos dejan de formar dirigentes, terminan produciendo solamente candidatos.
LA PREOCUPACIÓN DE PEPE LUCHO
Por eso la reflexión de Pepe Lucho resulta particularmente importante. Su preocupación no es nostalgia por el pasado. Es una llamada de atención frente al empobrecimiento de la política y la pérdida de estatura de sus liderazgos.
El país necesita recuperar dirigentes capaces de hablar con argumentos, debatir con altura, comprender la complejidad nacional y explicar cómo los cambios económicos, tecnológicos y geopolíticos del mundo afectan nuestro futuro.
El Perú necesita políticos con pensamiento, preparación y carácter; pero, sobre todo, con sentido de servicio.
La política no puede reducirse a ganar elecciones. Gobernar es asumir una responsabilidad histórica frente a millones de peruanos.
HAYA DE LA TORRE Y LA FORMACIÓN PERMANENTE
Esta preocupación nos conduce necesariamente al pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre.
Para Haya, el dirigente aprista debía mantenerse en formación permanente. No bastaba con conocer una consigna ni con haber ocupado un cargo. Había que estudiar continuamente la doctrina y la ideología, comprender la realidad del Perú y mantenerse actualizado frente a los grandes cambios del mundo.
Pero esa formación tampoco podía desarrollarse de espaldas al pueblo.
El dirigente debía permanecer vinculado al movimiento social, entendido como la sociedad organizada en sus distintas expresiones: trabajadores, campesinos, comunidades, organizaciones vecinales, gremios,
productores, asociaciones y otros sectores que expresan las necesidades y aspiraciones de la población.
Ese contacto no debía limitarse a recoger demandas durante una campaña electoral. Era necesario conocerlas directamente, comprender sus causas, acompañar a quienes las planteaban y encauzarlas dentro de una propuesta política y de una visión nacional.
Ese era el vínculo entre doctrina, realidad y acción.
La doctrina permite interpretar la realidad; la realidad obliga a enriquecer y actualizar el pensamiento; y la acción política transforma las demandas sociales en propuestas y organización. Lo
Por eso, un dirigente que deja de estudiar comienza a improvisar; uno que se aleja del movimiento social termina hablando del pueblo sin conocerlo; y un partido que abandona la formación pierde progresivamente su capacidad de conducción.
NO BASTA RENOVAR ROSTROS
La respuesta a la crisis no puede consistir únicamente en cambiar nombres.
La renovación sin formación puede convertirse en improvisación.
Necesitamos nuevas generaciones, pero generaciones preparadas. Jóvenes con energía y creatividad, unidos a la experiencia de quienes conocen nuestra historia y han servido al Partido y al país.
La experiencia sin renovación puede agotarse.
La juventud sin formación puede extraviarse.
Pero experiencia y juventud, unidas por la doctrina, la honradez y la vocación de servicio, pueden construir una nueva etapa política.
Por eso el APRA debe volver a ser una escuela de dirigentes.
No necesitamos solamente candidatos.
Necesitamos cuadros formados.
No necesitamos únicamente cuadros.
Necesitamos dirigentes capaces de convertirse en estadistas.
RECUPERAR EL DEBATE DE IDEAS
También debemos recuperar la calidad del debate político.
Hemos llegado a confundir la discrepancia con la enemistad y la defensa de una posición con el ataque personal. Esta práctica debilita a los partidos y empobrece la democracia.
Necesitamos volver a conversar, escuchar, argumentar y discrepar con respeto.
Como enseñaba Ramiro Prialé Prialé:
“Conversar no es pactar”.
Conversar es escuchar al otro; debatir es confrontar ideas; discrepar es ejercer la libertad.
Un partido fuerte no es aquel donde todos piensan igual, sino aquel que sabe discutir sus diferencias sin destruir su unidad.
EL DESAFÍO DEL XXVI CONGRESO
Por ello, el próximo XXVI Congreso Nacional Ordinario del Partido, que hemos sostenido desde hace años debe tener carácter ESTATUARIO, tiene una responsabilidad que va mucho más allá de una renovación interna.
Debe preguntarse:
¿Qué APRA queremos reconstruir y qué dirigentes necesita el Perú del futuro?
El Congreso debe recuperar la institucionalidad, fortalecer la democracia interna y establecer una verdadera política de formación permanente de cuadros y dirigentes.
Tenemos que volver a construir un Partido que estudie, forme, organice y conduzca; un PARTIDO FARO, capaz de interpretar el Perú, comprender el mundo y ofrecer una visión de futuro.
EL LLAMADO DE PEPE LUCHO
Por eso merece ser resaltada la preocupación de José Luis “Pepe Lucho” Delgado Núñez del Arco.
Su voz representa una tradición política que no debemos perder. Él insiste porque conoce y encarna una manera de entender el legado de Víctor Raúl Haya de la Torre: la política como formación, doctrina, contacto con el pueblo, conducta y servicio.
Pepe Lucho no nos invita simplemente a recordar lo que fuimos.
Nos está diciendo que debemos recuperar las condiciones que hicieron posible aquel liderazgo.
Estudio permanente. Doctrina. Honradez.
Oratoria. Experiencia. Visión nacional.
Comprensión internacional. Vinculación con el movimiento social. Vocación de servicio.
El Perú no necesita más partidos pasajeros.
Necesita partidos con ideas, organización, doctrina y futuro.
No necesita solamente nuevas caras. Necesita nuevos liderazgos con estatura política. No necesita únicamente candidatos. Necesita estadistas.
Y si el APRA quiere volver a ser el GRAN PARTIDO, tiene que comenzar por recuperar aquello que alguna vez lo hizo grande: su capacidad de formar dirigentes preparados para comprender, organizar y conducir al Perú.
La reconstrucción del Partido no puede tener como único objetivo recuperar una inscripción electoral.
Debe significar recuperar su capacidad de pensar, formar, organizar y servir.
Ese es el desafío que nos plantea Pepe Lucho.
Y frente a ese desafío, el APRA debe responder con hechos:volver a estudiar, volver a formar, volver al movimiento social, volver al debate de ideas y volver a construir liderazgo con principios.
Porque sin formación no hay liderazgo; sin liderazgo no hay conducción; y sin conducción, un partido pierde su razón histórica de existir.


0 comentarios:
Publicar un comentario