viernes, mayo 04, 2007

Después de Huánuco

Por César Campos R.
cesarcamposlima@yahoo.com

Para muchos, crece el convencimiento de que la imagen histórica de esta segunda administración aprista se jugará en el terreno de la seguridad interna, así como le ocurrió a la primera ante la emergencia del terrorismo con un saldo costoso y negativo.

Dentro de las prioridades elementales de nuestros compatriotas –empleo, educación, salud– las condiciones del orden anteceden cualquier expectativa. Es la base desde la cual organizamos nuestras vidas, la de nuestras familias y comunas. Sin ellas, construimos futuros de ilusión y escaso sentido práctico.

Todo esto lo sabe bien Alan García, cuyo defecto en el periodo 1980-1985 no fue andar con los brazos cruzados frente al asedio subversivo, sino confiarse a la estrategia inercial de algunos sectores castrenses en la que la matanza de los penales marcó un hito trágico. Sus adversarios de izquierda pretendieron más bien amarrarle las manos a partir de este lamentable hecho (hasta ahora lo siguen haciendo) y la vorágine económica de la hiperinflación terminó diseñando el inevitable perfil de fracaso con el que se recuerda a su primer gobierno.

Hoy la marcha sostenida del crecimiento de nuestra economía y la afirmación de políticas públicas donde el Estado recupera un rol de atención a los más necesitados, facilita otro escenario para implementar un programa idóneo de seguridad interna y ciudadana. Todos los ojos del pueblo trabajador, emergente, campesino, empresario, estudiantil o de cualquier rubro, están depositados sobre este paso fundamental que debe dar el Ejecutivo, pero esta vez de la mano del conjunto de instituciones estatales (Parlamento, Poder Judicial, Ministerio Público, gobiernos regionales y municipales) llamadas a coadyuvar a su éxito.

En particular, las protestas de Huánuco –con sus márgenes de violencia y atropello a compatriotas que se desplazan por su territorio– están ofreciendo una ocasión para demostrar el imperio del orden. O los auténticos cocaleros se allanan al diálogo para tratar sus problemas con las autoridades separándose de los vándalos, o seguirán la suerte de estos sobre quienes se espera que caigan las sanciones más drásticas.

Huánuco debe ser un punto de quiebre. Triunfa la seguridad o triunfan los delincuentes disfrazados de campesinos pobres.

Fuente: Diario EXPRESO
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