domingo, marzo 15, 2015

Mi camino al infierno con Susana

Por Pedro Lopez Torres
Ex-regidor de Lima. Educador. Graduado en Ciencias Políticas California State University-Northridge
Fuente: Punto de Encuentro.

Dicen por ahí que el camino al infierno está empedrado de miles de buenas intenciones. Mi paso como regidor metropolitano de Fuerza Social en el equipo de Susana Villarán me confirmó rotundamente el refrán.

Una sonrisa vale más que mil candados

Primer paradero: Una puerta a ningún lado

La primera impresión que tuve de Susana, cuando la conocí en el 2008, fue la de una mujer encantadora, bella y con una amplia sonrisa. Una sonrisa que luego descubrí era como una puerta cerrada con mil candados y que, sin embargo, mostraba un amigable y luminoso cartel de bienvenida como esos que hay en Las Vegas.

Recuerdo cómo, en una ocasión, ya como regidor y después de semanas de tratar de concretar una cita con ella (a pesar de que se “texteaba” con varios regidores de la oposición), decidí esperarla sentado afuera de su oficina. Aguardé con mucha paciencia y con una papelito lleno de sugerencias, reclamos de vecinos y los preocupantes detalles encontrados en mi labor de fiscalización. Al verme noté en ella una mueca de fastidio que rápidamente se tornó en su clásica “amigable” sonrisa. No recuerdo muy bien lo que pasó luego, pero sí que dos minutos más tarde nos estábamos dando un caluroso abrazo envuelto en más sonrisas y con mi pobre papelito olvidado y arrugado ya en algún bolsillo. Obviamente, no tocamos los puntos importantes ni llegamos a nada.

Fue así que me percaté de un rasgo negativo que caracterizó su “liderazgo”: Ningunear y maltratar, con un disfraz de afecto, a los que ella consideraba irrelevantes o un “fastidio”. Esta habilidad se convirtió rápidamente en su primer grave error y el inicio de nuestro camino.

El olvidarse de la gente que la llevó al poder dentro de su partido (a pesar de lo que muchos puedan creer Fuerza Social era un opción interesante) y fuera de éste, conllevó a la debilidad de su propio equipo y, lo que fue mucho peor, a la pérdida de la confianza de esos centenares de miles de ciudadanos que esperaban más de ella y quienes sólo recibieron en sus primeros meses de gestión amplias sonrisas y proyectos igualmente encantadores y luminosos pero con pocos resultados concretos.

No se puede ser un estadista sin ser un político

Varios pueden ser grandes políticos sin ser estadistas (como Alan), pero es imposible ser un estadista sin ser un gran político (como  Susana).

El primero, tiene “olfato”, se adelanta a las circunstancias, anticipa ataques y prepara los suyos. Además, tiene un sexto sentido para las personas y es carismático, entre otras muchas cualidades. El estadista es aquel que mira el bosque sin perderse con los árboles, inspira, tiene visión, comunica eficazmente y transforma para bien a su país. Sin embargo, ¿cómo puede hacer todo esto el estadista sin ser un buen político…? Pues, es imposible.

Susana quiso ser una estadista, pero no pudo debido a su gran incapacidad política, sobre todo en sus primeros dos años. Y como consecuencia, casi todo en su “cocina política”, para mal de la ciudad, terminó quemado o crudo.

Puedo dar numerosos ejemplos, pero solo me limitaré al que considero su peor error político: No aceptar a la realidad y al electorado tal como son. Muchos políticos, sobre todo en el progresismo, piensan que si tan solo son honrados y hacen lo que ellos creen adecuado, el electorado los recompensará. Craso error.

Susana olvidó (entre otras), esta básica regla de la política y por ello no solo pagó el precio de una gestión accidentada, sino que ahora Lima ha volcado sus esperanzas en su antítesis, dejó de creer en las propuestas progresistas y no defendió lo que a todas luces era necesario (como por ejemplo, la Reforma del Transporte).

Una Belaunde moderna: ella es honesta pero…

Susana siempre hizo gala de su honestidad y le creo. Sin embargo, durante mi tiempo de regidor fui testigo de manejos poco claros en una gerencia de la Municipalidad. Entre otras cosas, encontré facturas fantasma, precios sobrevaluados, consultorías sin informes, convocatorias a dedo, etc. Todo esto lo envié a Contraloría y por ello me gané otra hermosa sonrisa de Susana y un ostracismo que duró hasta el final.

La ciudad fue testigo de varios sonados casos de supuesta corrupción en la gestión de Susana. La mayoría de ellos fueron inventados, pero, y esa es la pregunta que nos persigue desde Belaunde: ¿Se es realmente honesto si varios a tu alrededor en tu “argolla” no lo son y tú te haces de la vista gorda?
 El ciudadano no es tonto. Las encuestas mostraban que éste consideraba a la gestión de Susana como incluso más corrupta que la de Castañeda y cómo no iba a serlo así, si nunca se hizo una lucha frontal en contra de la corrupción y se mantenía una excesiva confianza en algunos que claramente no la inspiraban. Ahora y gracias a ello la idea de que “no existe político honesto” es más fuerte que nunca.

No hay peor enemigo que uno mismo

Paradero Final: El infierno

El 6 de junio del año pasado, Susana se lanza a la reelección yendo en contra de su ya célebre “palabra de mujer” y con ello el actual alcalde garantizó su victoria electoral. Los incautos pensaron que polarizando al electorado se podría conseguir una nueva victoria verde limón. La verdad es que las encuestas demostraban todo lo contrario: Castañeda ganó porque un voto por él representaba un voto en contra de Susana y así ella se convirtió en su propia enemiga y en la gran responsable de lo que ahora, en la actualidad, le pasa a la ciudad de Lima.

Susana fue la directamente responsable del regreso con fuerza y peor aún, con un apoyo arrasador del electorado, de una fuerza política a todas luces retrógrada y terrible para Lima.

Susana consiguió lo que siempre han deseado las fuerzas más reaccionarias de nuestro país. Destruyó a uno de los pocos partidos progresistas de centro-izquierda en nuestra historia. Cimentó la idea que es mejor alguien “que robe pero que haga obra”. Picoteó con su intento de re-elección a su hija más querida: La reforma del transporte y permitió el regreso del pasado.

Siempre le fui leal a Susana, a pesar de mis dudas, porque defendí y creí en la ahora difunta Reforma del Transporte y en nuestros ideales progresistas y por eso no hice públicas mis discrepancias  hasta ahora. Además, aún ahora considero a Susana como una buena mujer. Pero creo que los jóvenes progresistas necesitan saber lo que pasó y conocer que en el mundo cruel de la política ser bueno no basta. Es necesario escuchar activamente a la población y no sólo a una argolla, hacer política y no cegarse a la realidad y si tu bandera es la corrupción: No solo ser honesto sino también asegurarse de que todos los demás que trabajan contigo lo sean. De otra manera,  la enseñanza de Susana es que, muy por el contrario de lo que podamos pensar, el ser “bueno” puede ser la peor de las maldades y un camino que nos lleva de un sueño que vislumbraba grandes ideas y metas al infierno del despertar a la realidad: Nuestra realidad limeña actual.
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