domingo, agosto 02, 2015

EL LIMITE DEL PROBLEMA TÉCNICO EN PEDAGOGÍA


Escribe Víctor Raúl Haya de la Torre (1)

Al director de Nueva Era. — Buenos Aires.

Querido compañero:

¿Me permite usted que, como trabajador de la enseñanza, le envíe mi felicitación y mi saludo con motivo de la aparición de Nueva Era?

¡Cuánto hay que hacer en educación en América Latina! No hay tiranía más trágica ni opresión más absurda que la que sufre el niño y el muchacho de nuestras escuelas petrificadas en un tipo viejo y torvo de educación.

Anoche, justamente anoche, escuchaba aquí una magnífica conferencia del profesor Adler, de Viena, sobre el complejo de inferioridad que la depresión a la niñez, causada en gran parte por la mentalidad de padres y maestros, enemigos del niño, desarrolla tanto, preparando seres incapaces, vencidos antes de la lucha, sin personalidad.

La educación y la miseria del pueblo en el capitalismo

Naturalmente que todos sabemos bien cuán relacionado está el problema de la educación con el problema social y con las condiciones económicas en que la vida del niño, de la mayoría de nuestros niños, hijos del pueblo, se desarrolla. Todos sabemos que los esfuerzos del más generoso educador moderno, lleno de nuevas ideas, se estrellarán contra la realidad de un sistema que divide a los hombres en dos grandes clases de vida. Una educación integral no puede conseguirse sin ciertas condiciones materiales, no sólo en las escuelas, sino en los hogares. Y esto es imposible de realizar mientras el sistema económico actual tenga reducidos a la miseria y a la sordidez a millones de hogares.

El maestro y la lucha contra el sistema capitalista

De ahí que el pedagogo mejor será aquel que luche por derribar este sistema económico establecido por el capitalismo, en nombre del derecho de los niños. Los maestros de escuela deben unirse a las filas de los que combatimos contra la injusticia social para poder cumplir su misión educadora. El niño mal comido y mal dormido, el niño que crece mirando la miseria, el dolor, las enfermedades que rodean los hogares de las clases trabajadoras oprimidas, es un producto de ese ambiente y su conciencia será un resultado de esas condiciones en que su vida se ha desarrollado.

Por eso el problema técnico de la Pedagogía, tiene un límite: el límite de las condiciones económicas del actual sistema social. La Pedagogía que proclame un método de educación integral, tendrá que proclamar también su rebelión contra las condiciones económicas actuales. Si estamos de acuerdo en que la Pedagogía se cumple a medias entre el hogar y la escuela, el niño no podrá ser educado en una escuela magnífica, levantada por cualquier Estado capitalista y poderoso, al mismo tiempo que su hogar es triste, miserable e insalubre.

En Rusia se ha cumplido ya este aspecto en gran parte con la Revolución. Como dijo el economista Gide al volver del país de los Soviets, ahí el niño es el amo. Por eso la Pedagogía en Rusia tendrá que avanzar a medida que avance su victoria revolucionaria contra el bloqueo económico mundial y contra los rezagos de la era anterior.

Educación integral, trabajo y conciencia colectiva

Yo he visto de cerca y he convivido con los niños que se educan y viven juntos, que aprenden a trabajar y que son felices. No olvidaré mis largas visitas a esas casas de niños en Kostromá durante mi falta de salud. He comido con ellos, he jugado con ellos y se han disputado por mostrarme sus trabajos y sus juegos. He podido ver un huérfano de diez años, hijo de un soldado muerto en la Guerra Imperialista, que era ya un habilísimo coleccionador de insectos, que los conocía y clasificaba y que enseñaba a los más pequeños como un maestro adulto. Esta expresión de libertad y de disciplina, combinadas en la nueva pedagogía rusa, es quizá su más maravilloso avance.

El niño que vive en la Escuela bajo un régimen pedagógico integral es el niño que verdaderamente se educa trabajando como pedía Lenin. Trabajando y formándose una conciencia colectiva. 


Fuente de los recursos para la nueva educación

Pero esto no es posible sin grandes edificios, sin mucho dinero. Los grandes edificios los ha conseguido Rusia capturando palacios, quintas y ricos conventos (como la Casa de Niños de Kostromá) y el dinero lo consigue reorganizando su producción, socializándola y dando al servicio del pueblo lo que antes era para el servicio de la burguesía.

Cuando yo enseñaba a niños menores de diez años en el Perú (2), a pesar de tratarse de niños que podían pagar más o menos el Colegio, pude observar la inferioridad de aquellos que vivían o se alimentaban mal. Tengo muchas observaciones de ese orden, y anoche, oyendo a Adler en su conferencia sobre el complejo de inferioridad, encontré que tenía mucho que recordar de mis experiencias. Algunas de ellas están escritas en un artículo.

Educación y nueva sociedad

Pero no olvidemos que en nuestra lucha no podemos desvincular el problema pedagógico del problema económico, que es el problema social en su base. “Educar al soberano”, ¡sí! pero ¿cómo? La educación moderna no puede darse simplemente en la Escuela, sino en el hogar, en la calle, en todas partes. La educación moderna tiene que ser, pues, el resultado de una sociedad moderna, de una moderna organización.


Es cierto que el anhelo de ese nuevo sistema de educación puede marcar el principio de una nueva sociedad y eso es justamente la misión de los pedagogos capaces: ver que una educación integral es imposible dentro de las condiciones sociales actuales y luchar por que ellas cambien, demostrando que cuando así sea, toda una nueva época en la vida y desenvolvimiento colectivo se hará por la obra de la educación.

Todo maestro que no sea un inconsciente y un enemigo del niño tiene que ser un revolucionario.

¿Creerá usted que el principio de mi definición revolucionaria devino de mi campaña por la educación popular? En las Universidades González Prada, nosotros enseñábamos higiene, por ejemplo, pero nos encontrábamos con que la falta de higiene en la vida de un obrero era generalmente y siempre, en su mayor parte, resultado de su condición económica.

Nosotros aprendimos en las Universidades del Perú que educar al pueblo, educar a los trabajadores, es algo muy relativo dentro de las actuales condiciones sociales, y por eso comenzamos a convertir esas organizaciones en fuerzas actuantes por la Revolución. La obra de las Universidades Populares del Perú se concretó en gran parte a enseñar a los trabajadores a derribar el actual sistema social que impide que las Universidades Populares realicen una obra integral de educación entre los trabajadores. Cuando la clase trabajadora peruana haya derribado del poder a la actual clase dominante, las Universidades Populares González Prada podrán cumplir su programa de veras. Por ahora su labor está limitada por la realidad económica, por la miseria de la vida del explotado, por las condiciones individuales y colectivas del obrero y del indígena, incapacitados para educarse y para educar a sus hijos integralmente.

¡Muy grande es la misión de los maestros de escuela en América Latina, si ellos saben tomar su misión sinceramente!

Un saludo a usted y al movimiento que Nueva Era representa. 


Notas

(1) Víctor Raúl Haya de la Torre, Construyendo el aprismo: Artículos y cartas desde el exilio (1924-31), Editorial Claridad, Buenos Aires, 1933, pp. 167-170.

(2) En los años veinte, Haya de la Torre enseñó en el Colegio Anglo-Peruano, hoy Colegio San Andrés, en Lima, Perú (Nota del editor).
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